 se ponía la punta de la varita en la sien y añadía otro pensamiento brillante y plateado a la sustancia en continuo movimiento del pensadero.
—Profesor —dijo Harry al fin—, ¿cree que está cobrando fuerzas?
—¿Voldemort? —Dumbledore miró a Harry por encima del pensadero. Era la misma mirada característica y penetrante que le había dirigido en otras ocasiones, y a Harry siempre le daba la impresión de que el director veía a través de él, de una manera en que ni siquiera podía hacerlo el ojo mágico de Moody—. Una vez más, Harry, me temo que sólo puedo hacer suposiciones.
Dumbledore volvió a suspirar, y de pronto pareció más viejo y más débil que nunca.
—Los años del ascenso de Voldemort estuvieron salpicados de desapariciones —explicó—. Ahora Bertha Jorkins ha desaparecido sin dejar rastro en el lugar en que Voldemort fue localizado por última vez. El señor Crouch también ha desaparecido... en estos mismos terrenos. Y ha habido una tercera desaparición, que el Ministerio, lamento tener que decirlo, no considera de importancia porque es la de un muggle. Se llama Frank Bryce; vivía en la aldea donde se crió el padre de Voldemort, y no se lo ha visto desde finales de agosto. Como ves, leo los periódicos muggles, cosa que no hacen mis amigos del Ministerio. —Dumbledore miró a Harry muy serio—. Creo que estas desapariciones están relacionadas, pero el ministro no está de acuerdo conmigo, como tal vez notaras cuando esperabas a la puerta.
Harry asintió con la cabeza. Volvieron a quedarse en silencio, y Dumbledore, de vez en cuando, se sacaba de la cabeza un pensamiento. Harry pensó que quizá debía marcharse, pero la curiosidad lo retuvo en la silla.
—Profesor... —repitió.
—¿Sí, Harry?
—Eh... ¿puedo preguntarle por... esos juicios que presencié en el pensadero?
—Puedes —contestó Dumbledore apesadumbrado—. Asistí a muchos juicios, pero algunos regresan a mi memoria con más claridad que otros... especialmente ahora...
—¿Recuerda... recuerda el juicio en que me encontró?, ¿el del hijo de Crouch? Bien... ¿se referían a los padres de Neville?
Dumbledore dirigió a Harry una mirada penetrante.
—¿No te ha contado nunca Neville por qué lo ha criado su abuela? —inquirió el director.
Harry negó con la cabeza, preguntándose por qué nunca había hablado con Neville del tema en los casi cuatro años que hacía que se conocían.
—Sí, se referían a los padres de Neville —admitió Dumbledore—. Su padre, Frank, era un auror, igual que el profesor Moody. Él y su mujer fueron torturados para sacarles información sobre el paradero de Voldemort después de que éste perdió su poder, tal como oíste.
—Entonces, ¿están muertos? —preguntó Harry en voz baja.
—No —respondió Dumbledore, con una amargura en la voz que nunca antes había notado Harry—, están locos. Se encuentran los dos en el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Creo que Neville va a visitarlos, con su abuela, durante las vacaciones. No lo reconocen.
Harry se quedó horrorizado. No sabía... Nunca, en cuatro años, se había preocupado por averiguar...
—Los Longbottom eran muy queridos —prosiguió Dumbledore—. El ataque contra ellos fue posterior a la caída de Voldemort, cuando todo el mundo se sentía ya a salvo. Aquello provocó una oleada de furia como no he conocido nunca. El Ministerio se sintió muy presionado para capturar a los culpables. Por desgracia, y dada la condición en que se encontraban los Longbottom, su declaración no era de fiar.
—O sea ¿que el hijo del señor Crouch podría haber sido inocente? —dijo Harry pensativamente.
—En cuanto a eso, no tengo ni idea.
Harry se quedó callado una vez más, observando el movimiento de la sustancia del pensadero. Había otras dos preguntas que rabiaba por hacer, pero atañían a la culpabilidad de personas que estaban vivas.
—Eh —dijo—, el señor Bagman...
—Nadie lo ha vuelto a acusar de ninguna actividad tenebrosa —contestó Dumbledore con su voz impasible.
—Bien —dijo Harry apresuradamente, volviendo a observar el contenido del pensadero, que giraba más despacio porque Dumbledore había dejado de añadir pensamientos—. Y... eh...
Pero el pensadero parecía estar haciendo la pregunta por él. El rostro de Snape volvía a flotar en la superficie. Dumbledore lo miró, y luego levantó la vista hacia Harry.
—Tampoco al profesor Snape —respondió.
Harry miró los ojos de color azul claro de Dumbledore, y lo que realmente quería saber le salió de la boca antes de que pudiera evitarlo:
—¿Qué le hizo pensar que Snape había dejado de apoyar a Voldemort, profesor?
Dumbledore aguantó durante unos segundos la mirada de Harry, y luego dijo:
—Eso, Harry, es un asunto entre el profesor Snape y yo.
Harry comprendió que la entrevista había concluido. Dumbledore no parecía enfadado, pero el tono terminante de su voz daba a entender que era el momento de irse. Se levantó, y lo mismo hizo Dumbledore.
—Harry —lo llamó cuando éste se hubo acercado a la puerta—, por favor, no digas a nadie lo de los padres de Neville. Tiene derecho a contarlo él, cuando esté pre