—se dijo mientras corría escaleras arriba—. Serénate, no tiene por qué significar lo que crees que significa...»
—¡Mimbulus mimbletonia! —dijo, jadeando, al llegar al retrato de la Señora Gorda, que se abrió una vez más.
Lo recibió un fuerte estruendo. Ron fue corriendo hacia él, sonriente y derramándose sobre la túnica la cerveza de mantequilla que tenía en la copa que llevaba.
—¡Lo he conseguido, Harry! ¡Me han elegido! ¡Soy guardián!
—¿Qué? ¡Oh, es fabuloso! —exclamó Harry intentando sonreír con naturalidad mientras el corazón seguía latiéndole a toda velocidad y la mano le dolía y le sangraba.
—Tómate una cerveza de mantequilla. —Ron le puso una botella en la mano— No puedo creerlo. ¿Dónde se ha metido Hermione?
—Está allí —dijo Fred, que también estaba tomando la misma clase de cerveza, y señaló una butaca junto al fuego. Hermione estaba dormitando en ella con la copa peligrosamente inclinada en una mano.
—Bueno, cuando le he dado la noticia me ha parecido que se ponía contenta —comentó Ron, que parecía un tanto decepcionado.
—Déjala dormir —se apresuró a decir George. Harry tardó un momento en darse cuenta de que unos cuantos alumnos de primer año, de los que había a su alrededor, tenían señales de haber sangrado por la nariz hacía poco tiempo.
—Ven aquí, Ron, a ver si te queda bien la vieja túnica de Oliver —dijo Katie Bell—. Podemos quitar su nombre y poner el tuyo...
Cuando Ron se separó de Harry, Angelina se le acercó con aire resuelto.
—Lo siento, ya sé que he estado un poco antipática contigo, Potter —se disculpó con brusquedad—. Es que esto de dirigir el equipo es muy estresante, ¿sabes? Empiezo a pensar que a veces no era del todo justa con Wood. —La chica observó a Ron por encima del borde de su copa, con el entrecejo ligeramente fruncido—. Mira, ya sé que es tu mejor amigo, pero está un poco verde —añadió sin andarse con rodeos—. Sin embargo, creo que con un poco de entrenamiento mejorará. Procede de una familia de buenos jugadores de quidditch. Si he de serte sincera, cuento con que demuestre tener algo más de talento del que ha demostrado hoy. Vicky Frobisher y Geoffrey Hooper han volado mejor que él esta noche, pero Hooper es un quejica, siempre está protestando por algo, y Vicky pertenece a un montón de asociaciones. Ella misma reconoció que sus reuniones del Club de Encantamientos serían prioritarias si coincidían con los entrenamientos. En fin, mañana a las dos en punto tenemos una sesión de prácticas; espero que no falten esta vez. Y hazme un favor: ayuda todo lo que puedas a Ron.
Harry asintió con la cabeza y Angelina volvió a reunirse con Alicia Spinnet. Harry fue a sentarse junto a Hermione, que se despertó sobresaltada cuando él dejó su mochila en el suelo.
—¡Ah, eres tú, Harry! Qué bien que hayan elegido a Ron, ¿verdad? —dijo con cara de sueño—. Estoy ta-ta-tan cansada —bostezó—. Anoche estuve levantada hasta la una tejiendo más gorros. ¡Desaparecen a una velocidad increíble!
Y, en efecto, Harry vio que había gorros de lana escondidos por toda la habitación, en lugares donde los elfos desprevenidos podrían encontrarlos por casualidad.
—Genial —comentó Harry, distraído; si no se lo contaba a alguien pronto, estallaría—. Oye, Hermione, estaba en el despacho de Umbridge y me ha tocado el brazo...
Hermione lo escuchó atentamente. Cuando su amigo terminó el relato, le preguntó, hablando despacio:
—¿Temes que Quien-tú-sabes esté controlándola como controlaba a Quirrell?
—Bueno —contestó Harry, bajando la voz—, es una posibilidad, ¿no?
—Supongo que sí —respondió Hermione, aunque no parecía convencida—. Pero no creo que pueda poseerla como a Quirrell. No sé, ahora está vivito y coleando, ¿no es así?, tiene su propio cuerpo y no necesita compartir el de otra persona. Supongo que podría haberle echado una maldición Imperius, desde luego... —Harry se quedó un momento mirando cómo Fred, George y Lee Jordan hacían malabarismos con unas botellas de cerveza de mantequilla vacías. Entonces Hermione añadió—: Pero el año pasado te dolía la cicatriz sin que nadie te tocara y Dumbledore dijo que eso tenía que ver con lo que Quien-tú-sabes sentía en aquel momento, ¿verdad? O sea, que lo que te ocurre ahora quizá no tenga nada que ver con la profesora Umbridge. Quizá no sea más que una casualidad que ocurriera mientras estabas con ella.
—Es cruel —se limitó a decir Harry—. Y retorcida.
—Es horrible, eso es verdad, pero..., Harry, creo que deberías contarle a Dumbledore que te ha dolido la cicatriz.
Era la segunda vez en dos días que le aconsejaban que fuera a ver a Dumbledore, y la respuesta que le dio a Hermione fue la misma que le había dado a Ron.
—No quiero molestarlo con tonterías. Como ya has dicho, no tiene tanta importancia. Me ha dolido todo el verano, y esta noche quizá me haya dolido un poco más, sólo eso...
—Harry, estoy segura de que a Dumbledore no le importaría que lo molestaras por una cosa así...
—Sí —explotó Harry sin poder contenerse—, eso es lo único que a Dumbledore le importa de 