. Eso es un récord para ti, ¿verdad?
George le pasó la quaffle a Angelina; Angelina se la pasó hacia atrás a Harry, que no se la esperaba, pero a pesar de eso la atrapó con las yemas de los dedos y se la pasó rápidamente a Ron, que se lanzó para cogerla, pero la quaffle se le escapó por unos centímetros.
—¡Vamos, Ron! —exclamó Angelina con enfado cuando éste volvió a descender para recoger la quaffle—. ¡Presta más atención!
Cuando Ron volvió a alcanzar la altura necesaria para seguir jugando, habría resultado difícil decir qué rojo era más intenso, si el de la quaffle o el de la cara del chico. Malfoy y el resto de los del equipo de Slytherin se partían de risa.
Al tercer intento Ron atrapó la quaffle, y debido quizá al alivio que sintió, la pasó con tanto entusiasmo que la pelota voló entre las manos extendidas de Katie y le golpeó en la cara.
—¡Lo siento! —se disculpó Ron acercándose a Katie para ver si le había hecho mucho daño.
—¡No ha sido nada, vuelve a tu posición! —bramó Angelina—. Pero cuando le pases la pelota a un compañero intenta no derribarlo de la escoba, ¿vale? ¡Para eso ya tenemos las bludgers!
Katie sangraba por la nariz. Abajo, en las gradas, los de Slytherin pateaban y abucheaban a los de Gryffindor. Fred y George se acercaron a Katie.
—Tómate esto —le dijo Fred mientras le tendía una cosa pequeña y de color morado que había sacado del bolsillo—. Detendrá la hemorragia en cuestión de segundos.
—Muy bien —gritó Angelina—, Fred y George, id a buscar vuestros bates y una bludger. Ron, sube a los postes. Harry, suelta la snitch cuando yo lo diga. Vamos a marcar en la portería de Ron, evidentemente.
Harry fue volando detrás de los gemelos para recoger la snitch.
—Ron está haciéndolo fatal, ¿no? —murmuró George mientras los tres aterrizaban junto al cajón donde estaban las pelotas y lo abrían para sacar una bludger y la snitch.
—Es que está nervioso —replicó Harry—; esta mañana he estado practicando con él y lo hacía mucho mejor.
—Bueno, pues espero que su mejor momento no haya pasado del todo —comentó Fred con pesimismo.
Luego volvieron a subir. Cuando Angelina tocó el silbato, Harry soltó la snitch y Fred y George hicieron otro tanto con la bludger. A partir de aquel momento, Harry apenas se fijó en lo que hacían los demás. Su trabajo consistía en capturar la pequeña y dorada pelota con alas plateadas que valía ciento cincuenta puntos para el equipo del buscador que la atrapara, y eso requería mucha velocidad y habilidad. Aceleró haciendo bruscos virajes para sortear a los cazadores; el tibio aire otoñal le azotaba la cara, y los lejanos gritos de los de Slytherin dejaron de tener sentido... Pero mucho antes de lo que él esperaba, el silbato lo obligó a detenerse de nuevo.
—¡Alto! ¡Alto! ¡ALTO! —bramó Angelina—. ¡Ron, no estás cubriendo el poste central!
Harry giró la cabeza y miró a su amigo, que estaba suspendido delante del aro de gol izquierdo, dejando los otros dos completamente desprotegidos.
—Oh..., lo siento...
—¡No paras de moverte mientras miras a los cazadores! —le recriminó Angelina—. ¡O te quedas en el centro hasta que tengas que moverte para defender un aro, o vuelas en círculo alrededor de ellos, pero no vayas de un lado para otro porque así es como te han marcado los tres últimos tantos!
—Lo siento... —repitió Ron. Su rostro, sudoroso y colorado, brillaba como una baliza contra el azul del cielo.
—Y tú, Katie, ¿no puedes hacer nada con esa nariz?
—¡Cada vez va peor! —se lamentó la chica con voz pastosa mientras intentaba contener el chorro de sangre con la manga de su túnica.
Harry observó a Fred, que parecía nervioso y se palpaba los bolsillos. Vio que el gemelo sacaba una cosa de color morado, la examinaba rápidamente y luego, presa del pánico, miraba a Katie.
—Bueno, volvamos a intentarlo —propuso Angelina. No hacía ni caso a los de Slytherin, que se habían puesto a cantar «Los de Gryffindor son unos mantas, los de Gryffindor son unos mantas», pero de todos modos se la notaba un poco tensa sobre la escoba.
Cuando apenas llevaban tres minutos volando, volvió a sonar el silbato de Angelina. Harry, que acababa de ver que la snitch describía un círculo alrededor de un poste de la portería contraria, se paró sintiéndose ofendido.
—¿Y ahora qué pasa? —le preguntó impaciente a Alicia, que era la jugadora que tenía más cerca.
—Es Katie —se limitó a contestar ella.
Harry giró la cabeza y vio que Angelina, Fred y George volaban a toda velocidad hacia Katie. Harry y Alicia fueron también hacia ella. Era evidente que Angelina había interrumpido el entrenamiento justo a tiempo, pues Katie estaba pálida como la cera y cubierta de sangre.
—Hay que llevarla a la enfermería —decidió Angelina.
—La llevamos nosotros —se ofreció Fred—. Es posible que... se haya tragado un manantial de sangre por equivocación...
—Bueno, no tiene sentido continuar sin golpeadores y con una cazadora menos —se lamentó Angelina. Mientras tanto, Fred y George volaban hacia el castillo llevando entre los dos a Katie