ia la ventana y miró al exterior—. No puede estar por aquí cerca, ¿verdad que no?
—No —dijo Harry sentándose en un banco y frotándose la frente—. Seguramente está a kilómetros de distancia. Me ha dolido porque... está furioso.
Harry había pronunciado aquellas palabras sin haberlas pensado, y al escucharlas tuvo la sensación de que las había dicho otra persona. Sin embargo, supo inmediatamente que era cierto. No sabía cómo lo sabía, pero lo sabía: Voldemort, estuviera donde estuviese, hiciera lo que hiciese, estaba de muy mal humor.
—¿Lo has visto? —le preguntó Ron, horrorizado—. ¿Has tenido... una visión o algo así?
Harry se quedó muy quieto, mirándose los pies, y dejó que la mente y la memoria se le relajaran tras el momento de dolor.
Una desordenada maraña de sombras, un torrente de voces...
—Quiere que alguien haga algo, pero no va tan deprisa como a él le gustaría —dijo.
Una vez más, le sorprendió escuchar las palabras que salían por su boca, aunque a pesar de todo estaba convencido de que lo que acababa de decir era verdad.
—Pero... ¿cómo lo sabes? —inquirió Ron.
Harry hizo un gesto negativo con la cabeza y se tapó los ojos con las manos, apretándolos con las palmas. Vio surgir unas pequeñas estrellas en la oscuridad. Percibía la presencia de Ron a su lado, en el banco, y sabía que su amigo lo miraba fijamente.
—¿Has sentido lo mismo que la última vez, cuando te dolió la cicatriz en el despacho de la profesora Umbridge? —le preguntó Ron con voz queda—. Es decir, ¿que Quien-tú-sabes estaba enfadado? —Harry negó de nuevo con la cabeza—. Entonces, ¿qué es?
Harry hizo memoria. En aquella ocasión estaba mirando a la profesora Umbridge a la cara... Le había dolido la cicatriz... y había notado algo raro en el estómago..., un extraño aleteo..., una sensación de júbilo... Pero, como es lógico, no la había reconocido, porque él se sentía muy desgraciado...
—La última vez me dolió porque él estaba contento —explicó—. Muy contento. Creía... que iba a pasar algo bueno. Y la noche antes de que viniéramos a Hogwarts... —recordó el momento en que le había dolido mucho la cicatriz en el dormitorio que compartía con Ron en Grimmauld Place— estaba furioso...
Miró a Ron, que lo observaba a su vez con la boca abierta.
—Podrías quitarle la plaza a la profesora Trelawney, Harry —murmuró, sobrecogido.
—No estoy haciendo profecías —replicó Harry.
—De acuerdo, pero ¿sabes lo que estás haciendo? —sentenció Ron, entre asustado e impresionado—. ¡Le estás leyendo la mente a Quien-tú-sabes, Harry!
—No —corrigió éste moviendo negativamente la cabeza—. Más que su mente es su... estado de ánimo, supongo. Recibo impresiones del estado de ánimo que tiene. Dumbledore me habló de esto el año pasado. Dijo que yo percibía cuándo Voldemort estaba cerca de mí, o cuándo sentía odio. Pues bien, ahora también noto cuándo está contento...
Hubo una pausa. El viento y la lluvia azotaban el edificio.
—Tienes que contárselo a alguien —sugirió Ron.
—La última vez se lo conté a Sirius.
—¡Pues cuéntale lo que te ha pasado ahora!
—No puedo, Ron —reflexionó Harry con gravedad—. La profesora Umbridge vigila las lechuzas y las chimeneas, ¿no te acuerdas?
—Entonces cuéntaselo a Dumbledore.
—Él ya lo sabe, acabo de decírtelo —dijo Harry de manera cortante. Se puso en pie, cogió su capa del colgador y se la echó sobre los hombros—. No tiene sentido volver a contárselo.
Ron se abrochó el cierre de la capa mientras observaba atentamente a su amigo.
—A Dumbledore le gustaría saberlo —afirmó.
Harry se encogió de hombros.
—Vamos, todavía tenemos que practicar los encantamientos silenciadores.
Recorrieron los oscuros jardines hasta el castillo, resbalando y tropezando por la hierba fangosa, pero no hablaron. Harry iba pensando. ¿Qué debía de ser lo que Voldemort quería que alguien hiciera, y que no se hacía suficientemente deprisa?
«... tiene otros planes, unos planes que puede poner en marcha con mucha discreción... Cosas que sólo puede conseguir furtivamente... Como un arma. Algo que no tenía la última vez.»
Harry no había vuelto a pensar en aquellas palabras desde hacía semanas; estaba demasiado absorto en lo que estaba ocurriendo en Hogwarts, demasiado ocupado pensando en las batallas con la profesora Umbridge, en la injusticia de la intromisión del Ministerio... Pero en ese momento las recordó y le hicieron reflexionar. Cabía la posibilidad de que Voldemort estuviera furioso porque todavía no había podido hacerse con el arma, fuera cual fuese. ¿Habría desbaratado la Orden sus planes, habría impedido que se apoderara de ella? ¿Dónde estaba guardada? ¿Quién la tenía?
—¡Mimbulus mimbletonia! —pronunció Ron, y Harry salió de su ensimismamiento justo a tiempo para pasar por la abertura del retrato y entrar en la sala común.
Por lo visto, Hermione se había acostado temprano, pero había dejado a Crookshanks acurrucado en una butaca y un surtido de gorros de elfo de punto, llenos de nudos, sobre una mesa junto al fuego. Harry se alegró de que Hermione no estuviera allí