? —preguntó Ron cuando Harry se sentó en la butaca que había al lado de la de Hermione.
Harry no contestó. Estaba conmocionado. Por una parte, quería contarles a sus amigos lo que acababa de suceder, pero, por otra, prefería llevarse aquel secreto a la tumba.
—¿Estás bien, Harry? —preguntó Hermione mirándolo con ojos escrutadores por encima del extremo de la pluma.
Harry se encogió de hombros con poco entusiasmo. La verdad era que no sabía si estaba bien o no.
—¿Qué pasa? —inquirió Ron, y se incorporó un poco apoyándose en el codo para verlo mejor—. ¿Te ha ocurrido algo?
Harry no estaba seguro de por dónde empezar, y tampoco estaba seguro de que quisiera explicárselo. Cuando por fin decidió no decir nada, Hermione tomó las riendas de la situación.
—¿Es Cho? —preguntó con seriedad—. ¿Se te acercó después de la reunión?
Harry, muy sorprendido, asintió con la cabeza. Ron rió por lo bajo, pero paró cuando Hermione lo miró con severidad.
—¿Y... qué quería? —preguntó Ron fingiendo indiferencia.
—Bueno... —empezó a decir Harry con voz ronca; luego se aclaró la garganta y lo intentó de nuevo: —Bueno... ella...
—¿Se besaron? —inquirió Hermione bruscamente.
Ron se incorporó tan deprisa que derramó el tintero sobre la alfombra. Ignorando por completo el desastre, miró con interés a Harry.
—Bueno, ¿qué? —dijo.
Harry miró a Ron, que lo miraba a su vez entre risueño y curioso; luego dirigió la vista hacia Hermione, que tenía el entrecejo ligeramente fruncido, y asintió con la cabeza.
—¡Maravilloso!
Ron hizo un ademán de triunfo con el puño y se puso a reír a carcajadas; unos estudiantes de segundo año de aspecto tímido que estaban más allá, junto a la ventana, se sobresaltaron. Harry esbozó una sonrisa de mala gana al ver que Ron se revolcaba sobre la alfombra. Hermione, por su parte, lanzó a Ron una mirada de profundo disgusto y siguió escribiendo su carta.
—¿Y qué? —preguntó Ron por fin mirando a su amigo—. ¿Cómo fue?
Harry reflexionó un momento.
—Húmedo —respondió sinceramente. Ron hizo un ruido que podía interpretarse tanto como expresión de júbilo como de asco, no estaba muy claro. —Porque ella estaba llorando —aclaró Harry.
—¡Ah! —dijo Ron, y su sonrisa se apagó un poco—. ¿Tan malo eres besando?
—No lo sé —contestó Harry, que no se lo había planteado, e inmediatamente lo asaltó la preocupación—. Quizá sí.
—Claro que no —intervino Hermione distraídamente sin dejar de escribir.
—¿Cómo lo sabes? —le preguntó Ron.
—Porque últimamente Cho se pasa el día llorando —respondió Hermione con toda tranquilidad—. En las comidas, en los baños... En todas partes.
—Y tú, Harry, creíste que unos besos la animarían, ¿no? —preguntó Ron, y sonrió burlonamente.
—Ron —dijo Hermione con gravedad mientras mojaba la punta de la pluma en el tintero—, eres el ser más insensible que he tenido la desgracia de conocer.
—¿Qué se supone que significa eso? —replicó Ron, indignado—. ¿Qué clase de persona llora mientras están besándola?
—Sí —dijo Harry con un dejo de desesperación—. ¿Quién?
Hermione los miró a los dos como si le dieran lástima.
—¿Es que no entienden cómo debe de sentirse Cho?
—No —contestaron Harry y Ron a la vez.
Hermione suspiró y dejó la pluma sobre la mesa.
—A ver, es evidente que está muy triste por la muerte de Cedric. Supongo que, además, está confundida porque antes le gustaba Cedric y ahora le gusta Harry, y no puede decidir cuál de los dos le gusta más. Por otra parte, debe de sentirse culpable, porque a lo mejor cree que es un insulto a la memoria de Cedric besarse con Harry y esas cosas, y también debe de preocuparle qué dirá la gente si empieza a salir con Harry. De todos modos, lo más probable es que no esté segura de lo que siente por Harry, porque él estaba con Cedric cuando éste murió, así que todo es muy complicado y doloroso. ¡Ah, y por si fuera poco, teme que la echen del equipo de Quidditch de Ravenclaw porque últimamente vuela muy mal!
Cuando Hermione terminó su discurso, se produjo un silencio de perplejidad. Entonces Ron dijo:
—Nadie puede sentir tantas cosas a la vez. ¡Explotaría!
—Que tú tengas la variedad de emociones de una cucharita de té no significa que los demás seamos iguales —repuso Hermione con crueldad, y volvió a tomar su pluma.
—Fue ella la que empezó —explicó Harry—. Yo no habría... Vino hacia mí y... cuando me di cuenta, estaba llorando desconsoladamente. Yo no sabía qué hacer...
—No me extraña, Harry —comentó Ron, alarmado sólo de pensarlo.
—Lo único que tenías que hacer era ser cariñoso con ella —aclaró Hermione levantando la cabeza con impaciencia—. Lo fuiste, ¿verdad?
—Bueno —contestó Harry, y un desagradable calor se extendió por su cara—, más o menos... Le di unas palmaditas en la espalda... —Parecía que Hermione estaba conteniéndose con muchísima dificultad para no poner los ojos en blanco.
—Bueno, supongo que pudo ser peor. ¿Vas a volver a verla?
—Me imagino que sí. En las reuniones del ED, ¿no?
—Ya sabes a qué me refiero —contestó Hermione, impaciente.
Harry no dijo nada. Las palabras