el gran estruendo que hacían los autobuses al circular por detrás de ella y el bullicio de la calle llena de gente. Entonces cayó en que, de todos modos, los maniquíes no podían oír. Pero al cabo de un segundo, abrió la boca, asombrado, al ver que el maniquí movía brevemente la cabeza y les hacía señas con un dedo articulado, y que Tonks agarraba a Ginny y a la señora Weasley por los codos, atravesaba el cristal y desaparecía de la vista.
Fred, George y Ron las siguieron. Harry echó un vistazo al gentío que había en la calle: nadie parecía tener el menor interés por unos escaparates tan feos como los de Purge y Dowse, S.A., y nadie pareció darse cuenta tampoco de que seis personas acababan de desaparecer ante sus narices.
—Vamos —gruñó Moody, y le dio otro empujón en la espalda; juntos atravesaron una especie de cortina de agua fría, y salieron, secos y calentitos, al otro lado.
No había ni rastro de aquel lamentable maniquí ni del sitio en que había estado momentos antes. Se encontraron en lo que parecía una abarrotada sala de recepción, donde varias hileras de magos y brujas estaban sentados en desvencijadas sillas de madera; algunos tenían un aspecto completamente normal y leían con atención ejemplares viejos de Corazón de bruja; otros presentaban truculentas desfiguraciones, como trompas de elefante o más manos de la cuenta que les salían del pecho. La sala no estaba mucho más tranquila que la calle porque varios pacientes hacían ruidos extraños: una bruja de cara sudorosa, que estaba sentada en el centro de la primera fila y que se abanicaba con fuerza con un ejemplar de El Profeta, soltaba constantemente un silbido agudo mientras expulsaba vapor por la boca, y un mago mugriento, sentado en un rincón, producía un tañido semejante al de una campana cada vez que se movía; con cada tañido, la cabeza le vibraba de una manera espantosa y tenía que sujetársela por las orejas para que se estuviera quieta.
Unos magos y algunas brujas, ataviados con túnicas de color verde lima, se paseaban por las hileras de pacientes haciendo preguntas y tomando notas en pergaminos que llevaban cogidos por unos sujetapapeles, como los de la profesora Umbridge. Harry se fijó en el emblema que llevaban bordado en el pecho: una varita mágica y un hueso cruzados.
—¿Son médicos? —le preguntó a Ron en voz baja.
—¿Médicos? —repitió Ron con asombro—. ¿Esos muggles chiflados que cortan a la gente en pedazos? No, son sanadores.
—¡Por aquí! —gritó la señora Weasley para que la oyeran por encima de los nuevos tañidos del mago del rincón, y todos la siguieron hasta la cola que había ante una bruja rubia y regordeta que estaba sentada detrás de un mostrador donde un letrero decía: «Información.»
La pared que había detrás de la bruja estaba cubierta de anuncios y avisos donde se leían cosas como: «UN CALDERO LIMPIO IMPIDE QUE LAS POCIONES SE CONVIERTAN EN VENENOS» y «LOS ANTÍDOTOS PUEDEN SER PELIGROSOS SI NO ESTÁN APROBADOS POR UN SANADOR CUALIFICADO». También había un gran retrato de una bruja con tirabuzones plateados, con el rótulo:

Dilys Derwent
Sanadora de San Mungo 1722-1741
Directora del Colegio Hogwarts de Magia
y Hechicería 1741-1768

Dilys miraba con atención al grupo de los Weasley, como si los contara; cuando Harry levantó la vista, vio que ella le guiñaba discretamente un ojo, luego se iba hacia un lado de su retrato y desaparecía.
Entre tanto, en la cabecera de la cola un joven mago interpretaba una extraña danza e intentaba, entre gritos de dolor, explicar el apuro en que se encontraba a la bruja que había detrás del mostrador.
—Son estos..., ¡ay!..., zapatos que me regaló mi hermano... ¡Uy!... Me están comiendo los..., ¡AY!..., pies, mire, deben de tener algún..., ¡AAAY!..., embrujo, y no puedo, ¡UUUY!, quitármelos —dijo saltando con un pie y luego con el otro, como si bailara sobre brasas ardiendo.
—Los zapatos no le impiden leer, ¿verdad? —dijo la bruja rubia señalando con fastidio un gran letrero que había a la izquierda de su mostrador—. Tiene que dirigirse a Daños Provocados por Hechizos, cuarta planta, como indica el directorio. ¡El siguiente!
El mago se apartó cojeando y brincando, y el grupo de los Weasley se acercó al mostrador. Harry leyó el directorio:

ACCIDENTES PROVOCADOS
POR ARTEFACTOS Planta baja
Explosiones de calderos,
detonaciones de varitas,
accidentes de escoba, etc.

HERIDAS PROVOCADAS
POR CRIATURAS Primera planta
Mordeduras, picaduras,
quemaduras, espinas clavadas, etc.

VIRUS MÁGICOS Segunda planta
Enfermedades contagiosas
como viruela de dragón,
mal evanescente, escrofungulosis, etc.

ENVENENAMIENTOS PROVOCADOS
POR POCIONES Y PLANTAS Tercera planta
Sarpullidos, regurgitaciones,
risas incontrolables, etc.

DAÑOS PROVOCADOS
POR HECHIZOS Cuarta planta
Embrujos irreversibles, maleficios,
encantamientos mal realizados, etc.

SALÓN DE TÉ PARA VISITAS /
TIENDA DE REGALOS Quinta planta

SI NO ESTÁ SEGURO DE ADÓNDE DEBE DIRIGIRSE, NO PUEDE HABLAR CORRECTAMENTE O NO RECUERDA A QUÉ HA VENIDO, NUESTRA BRUJA RECE