 que esté en una sala compartida? ¿No debería estar en una habitación privada?
—Todavía faltan dos semanas para que haya luna llena —le recordó el señor Weasley en voz baja—. Esta mañana los sanadores han estado hablando con él y han intentado convencerlo de que podrá llevar una vida casi normal. Yo le he dicho, sin mencionar nombres, por supuesto, que conozco personalmente a un hombre lobo, un tipo muy agradable que se las apaña muy bien.
—¿Y qué ha contestado él? —le preguntó George.
—Me ha respondido que si no me callaba me mordería —repuso el señor Weasley con pesar—. Y esa mujer de allí —añadió señalando la otra cama ocupada que estaba junto a la puerta— se niega a decirles a los sanadores qué bicho la mordió, lo cual nos indica que debió de ser algo que manejaba ilegalmente. Fuera lo que fuese, se llevó un buen pedazo de pierna, y cuando le retiran los vendajes huele que apesta.
—Bueno, papá, ¿vas a contarnos lo que pasó o no? —le preguntó Fred acercando más la silla a la cama.
—Pero si ya lo sabéis, ¿no? —repuso el señor Weasley, y miró con una elocuente sonrisa a Harry—. Es muy sencillo: como había tenido un día muy duro, me quedé dormido; ese bicho se me acercó sigilosamente y me mordió.
—¿Sale tu caso en El Profeta? —le preguntó Fred señalando el periódico que el señor Weasley había dejado a un lado.
—No, claro que no —respondió su padre con una sonrisa un tanto amarga—, el Ministerio no quiere que nadie sepa que una enorme y asquerosa serpiente me ha jo...
—¡Arthur! —le previno la señora Weasley.
—...me ha... jorobado —terminó el señor Weasley atropelladamente, aunque Harry estaba convencido de que no era eso lo que pensaba decir.
—¿Y dónde estabas cuando ocurrió, papá? —le preguntó George.
—Eso es asunto mío —respondió el señor Weasley, pero reprimió una sonrisa. Luego cogió El Profeta, volvió a abrirlo y dijo—: Cuando habéis llegado, estaba leyendo un artículo sobre la detención de Willy Widdershins. ¿Sabíais que ha resultado que Willy estaba detrás de esos inodoros regurgitantes que me llevaron de cabeza durante el verano? Uno de los embrujos le salió mal, el inodoro explotó y lo encontraron inconsciente en el suelo, entre los escombros, cubierto de pies a cabeza de...
—Cuando dices que estabas «de guardia» —lo interrumpió Fred hablando en voz baja—, ¿qué hacías exactamente?
—¡Ya has oído a tu padre —intervino la señora Weasley—, eso no es algo de lo que debamos hablar aquí! Sigue con lo de Willy Widdershins, Arthur.
—Bueno, no me preguntéis cómo, pero el caso es que se salvó de que lo acusaran por lo de los inodoros —explicó el señor Weasley con gravedad—. Me imagino que debió de sobornar a alguien...
—Estabas vigilándola, ¿verdad? —insistió George con voz queda—. El arma, eso que busca Quien-tú-sabes, ¿no?
—¡Cállate, George! —le espetó su madre.
—Pues bien —prosiguió el señor Weasley subiendo la voz—, ahora a Willy lo han pillado vendiendo picaportes mordedores a los muggles, pero no creo que esta vez se libre fácilmente porque, según este artículo, a dos muggles les han seccionado varios dedos y están en San Mungo para someterse a un tratamiento urgente de restauración ósea y de modificación de memoria. ¡Imaginaos, muggles en San Mungo! Me encantaría saber en qué sala los tienen.
Miró con avidez a su alrededor, como si tuviera la esperanza de ver un letrero que lo indicara.
—¿No dijiste que Quien-tú-sabes tiene una serpiente, Harry? —preguntó Fred mirando a su padre para ver cómo reaccionaba—. Una serpiente enorme. La viste la noche que él regresó, ¿verdad?
—Basta —ordenó la señora Weasley con enojo—. Ojoloco y Tonks están esperando fuera, Arthur, quieren entrar a verte. Vosotros podéis esperar fuera, niños —añadió dirigiéndose a sus hijos y a Harry—. Después ya entraréis a despediros. ¡Vamos!
Los chicos salieron al pasillo y Ojoloco y Tonks entraron en la sala y cerraron la puerta tras ellos. Fred arqueó las cejas.
—Vale —dijo fríamente mientras hurgaba en los bolsillos—, como quieras. No nos cuentes nada.
—¿Buscas esto? —le preguntó George, que tenía en la mano una cosa que parecía una maraña de cuerdas de color carne.
—Me has leído el pensamiento —comentó su hermano con una sonrisa—. Vamos a ver si en San Mungo ponen encantamientos de impasibilidad en las puertas de las salas, ¿de acuerdo?
Los gemelos desenredaron la cuerda, separaron cinco orejas extensibles y las repartieron. Harry vaciló antes de coger una.
—¡Vamos, Harry, cógela! Le has salvado la vida a nuestro padre. Si alguien tiene derecho a espiarlo, eres tú.
Sonriendo a su pesar, Harry cogió el extremo de la cuerda y se lo metió en la oreja, como habían hecho los gemelos.
—¡Adelante! —susurró Fred.
Las cuerdas de color carne empezaron a retorcerse como largos y delgados gusanos y se colaron por debajo de la puerta. Al principio Harry no oía nada; entonces se sobresaltó al oír a Tonks, que susurraba con tanta claridad como si estuviera a su lado.
—...registraron toda la zona, pero no encontraron la serpiente por ninguna parte. E