es por qué estás aquí —dijo—. El director me ha pedido que te enseñe Oclumancia. Espero que demuestres ser más hábil en eso que en Pociones.
—Sí —contestó Harry lacónicamente.
—Quizá ésta no sea una clase como las demás, Potter —prosiguió Snape, y entornó los ojos con malicia—, pero sigo siendo tu profesor, y por lo tanto debes llamarme siempre «señor» o «profesor».
—Sí..., señor.
—Veamos, Oclumancia... Como ya te dije en la cocina de tu querido padrino, esa rama de la magia impide que las intrusiones y las influencias mágicas penetren en la mente.
—¿Y por qué cree el profesor Dumbledore que necesito aprenderla, señor? —preguntó Harry mirando a los ojos a Snape, aunque dudaba que éste contestara a su pregunta.
Snape le sostuvo la mirada unos instantes y luego respondió con profundo desdén:
—Hasta tú deberías haberlo deducido, Potter. El Señor Tenebroso es sumamente hábil en Legeremancia...
—¿En qué? ¿Señor?
—Es la capacidad de extraer sentimientos y recuerdos de la mente de otra persona.
—¿Quiere eso decir que puede leer el pensamiento? —replicó rápidamente Harry, cuyos peores temores se estaban confirmando.
—Qué poca sutileza tienes, Potter —repuso Snape observándolo con aquellos ojos que emitían destellos—. No sabes apreciar los matices. Ése es uno de los defectos que te convierten en un inepto para la fabricación de pociones. —Snape hizo una breve pausa, al parecer para saborear el placer de insultar a Harry, y después continuó—. Sólo los muggles hablan de «leer el pensamiento». La mente no es ningún libro que uno pueda abrir cuando se le antoje o examinarlo cuando le apetezca. Los pensamientos no están grabados dentro del cráneo para que los analice cualquier invasor. La mente es una potencia muy compleja y con muchos estratos, Potter, o al menos así son la mayoría de las mentes. —Dibujó una sonrisa irónica—. Sin embargo, es cierto que aquellos que dominan el arte de la Legeremancia pueden, bajo determinadas condiciones, hurgar en la mente de sus víctimas e interpretar de forma correcta sus hallazgos. El Señor Tenebroso, por ejemplo, casi siempre sabe cuándo alguien le está mintiendo. Sólo los que dominan la Oclumancia saben bloquear los sentimientos y los recuerdos que delatarían su mentira, y de ese modo pueden decir falsedades en su presencia sin que él las detecte.
Explicara lo que explicase Snape, Harry seguía pensando que la Legeremancia era lo mismo que leer el pensamiento, y esa idea no le hacía ni pizca de gracia.
—Entonces, ¿él podría saber qué estoy pensando en este momento, señor?
—El Señor Tenebroso se encuentra a una considerable distancia de aquí, y los muros y los terrenos de Hogwarts están protegidos mediante numerosos y antiguos hechizos y encantamientos para asegurar la seguridad física y mental de aquellos que habitan detrás de ellos —respondió Snape—. El tiempo y el espacio son factores que hay que tener en cuenta cuando se trata de hacer magia, Potter. En general, el contacto visual es esencial para la Legeremancia.
—Entonces, ¿por qué tengo que estudiar Oclumancia?
Snape miró a Harry y se siguió el contorno de los labios con un largo y delgado dedo.
—Al parecer, Potter, a ti no se te aplican las reglas generales. Y también parece que la maldición que no consiguió matarte ha forjado una especie de conexión entre el Señor Tenebroso y tú. Todos los indicios apuntan a que en ocasiones, cuando tu mente está más relajada y vulnerable, como cuando duermes, por ejemplo, compartes los pensamientos y las emociones con el Señor Tenebroso. El director cree que no es conveniente que eso continúe ocurriendo. Quiere que te enseñe a cerrar tu mente al Señor Tenebroso.
El corazón de Harry volvía a latir muy deprisa. Nada de todo aquello cuadraba.
—Pero ¿por qué quiere evitarlo el profesor Dumbledore? —preguntó bruscamente—. No es que me guste, pero ha resultado útil, ¿no? Porque..., no sé, vi cómo la serpiente atacaba al señor Weasley, y si no lo hubiera visto, el profesor Dumbledore no habría podido salvarle la vida, ¿verdad, señor?
Snape miró fijamente a Harry unos instantes mientras se pasaba todavía un dedo por los labios. Cuando habló de nuevo, lo hizo lentamente, con mucha parsimonia, como si midiera cada una de sus palabras.
—Por lo visto, el Señor Tenebroso no se ha percatado de la conexión que hay entre tú y él hasta hace muy poco. Hasta ahora parece que has estado experimentando sus emociones y compartiendo sus pensamientos sin que él se enterara. Sin embargo, la visión que tuviste poco antes de Navidad...
—¿La de la serpiente y el señor Weasley?
—No me interrumpas, Potter —dijo Snape con una voz amenazadora—. Como te iba diciendo, la visión que tuviste poco antes de Navidad representó una incursión tan poderosa en los pensamientos del Señor Tenebroso...
—¡Yo veía el interior de la cabeza de la serpiente, no el de la suya!
—¿No acabo de decirte que no me interrumpas, Potter?
Pero a Harry no le importaba que Snape se enfadara; por fin parecía estar llegando al fondo de aquel asunto; se ha