 mundo cree que Harry delira. Pero si me dejas escribir la historia desde esa perspectiva...
—¡Estamos hartos de historias sobre cómo Harry perdió la cabeza! —exclamó Hermione con enfado—. ¡De ésas ya tenemos demasiadas, gracias! ¡Quiero que le den una oportunidad de decir la verdad!
—No hay demanda para una historia así —repuso Rita con frialdad.
—Lo que quieres decir es que El Profeta no la publicará porque Fudge no lo permitirá —aclaró Hermione con fastidio.
Rita le lanzó una larga y dura mirada. Luego se inclinó hacia ella y afirmó con seriedad:
—De acuerdo, Fudge presiona a El Profeta, pero a fin de cuentas viene a ser lo mismo. No publicarán una historia que dé una imagen favorable de Harry. A nadie le interesa leerla. No está acorde con el humor del público. La gente ya está bastante preocupada con esta última fuga de Azkaban y no quiere pensar que Quien-vosotros-sabéis ha regresado.
—Entonces El Profeta sólo sirve para contar a la gente lo que quiere oír, ¿no? —dijo Hermione en tono cáustico.
Rita volvió a enderezarse en la silla, con las cejas arqueadas, y se terminó de un trago la copa de whisky de fuego.
—A El Profeta sólo le interesa vender, so boba —le espetó.
—Mi padre opina que es un periódico malísimo —terció Luna, interviniendo inesperadamente en la conversación. Miraba a Rita con sus enormes y protuberantes ojos de chiflada mientras chupaba la cebollita de cóctel—. Él publica historias importantes que cree que el público debe conocer. No le importa ganar dinero.
Rita miró a Luna con desdén.
—Supongo que tu padre dirige algún ridículo boletín informativo de pueblo, ¿no? Debe de publicar artículos como «Veinticinco maneras de mezclarse con los muggles» y las fechas de los próximos mercadillos.
—No —dijo Luna, y volvió a mojar la cebollita en su bebida, una tacita de alhelí—, es el director de El Quisquilloso.
Rita soltó tal resoplido que los clientes de una mesa cercana se volvieron, alarmados.
—Conque «historias importantes que cree que el público debe conocer», ¿eh? —dijo mordaz—. Podría abonar mi jardín con el contenido de ese periodicucho.
—Pues mira, ahora tienes una oportunidad para mejorar un poco su nivel —sugirió Hermione en tono agradable—. Luna dice que su padre no tiene inconveniente en aceptar la historia de Harry. La publicará él.
Rita se quedó mirando a ambas un momento, y luego soltó una fuerte carcajada.
—¿El Quisquilloso? —dijo riendo socarronamente—. ¿Creéis que la gente se tomará a Harry en serio si su historia se publica en El Quisquilloso?
—Algunos no lo harán —admitió Hermione—. Pero la versión de El Profeta sobre la fuga de Azkaban tenía unas lagunas descomunales. Creo que mucha gente debe de estar preguntándose si hay otra explicación mejor de lo ocurrido, y si aparece una versión alternativa, aunque la publique un... —miró de soslayo a Luna—, un..., bueno, una revista fuera de lo corriente, creo que les interesará leerla.
Rita permaneció un rato callada, pero miraba perspicazmente a Hermione con la cabeza un poco ladeada.
—Está bien, supongamos durante un momento que lo hago —dijo de pronto— ¿Cuánto me pagaríais?
—Creo que mi padre no paga a la gente que escribe para su revista —comentó Luna con aire abstraído—. Escriben porque lo consideran un honor y, como es lógico, para ver su nombre publicado.
Rita Skeeter volvió a poner cara de tener la boca llena de jugo fétido, y de nuevo se dirigió a Hermione: —¿Pretendes que haga esto gratis?
—Pues sí —contestó Hermione con calma, y bebió un sorbo de su bebida—. Si no, como muy bien sabes, informaré a las autoridades de que eres una animaga no registrada. Evidentemente, El Profeta te pagaría mucho dinero por una crónica sobre la vida en Azkaban escrita desde el interior.
Daba la impresión de que a Rita le habría encantado meterle a Hermione por la nariz la sombrillita de papel que decoraba su copa.
—Supongo que no tengo alternativa, ¿no? —repuso Rita con voz ligeramente temblorosa. Abrió una vez más su bolso de cocodrilo, sacó un trozo de pergamino y levantó su pluma a vuelapluma.
—Mi padre se va a poner muy contento —comentó Luna alegremente mientras a Rita le temblaba un músculo de la mandíbula.
—¿Listo, Harry? —le preguntó Hermione volviéndose hacia él—. ¿Preparado para contar la verdad a todo el mundo?
—Supongo que sí —dijo él mientras Rita sostenía en equilibrio la pluma a vuelapluma sobre el trozo de pergamino que los separaba.
—Ya puedes disparar, Rita —sentenció Hermione con serenidad, y pescó una guinda del fondo de su copa.

26 - VISTO Y NO VISTO

Luna dijo que no sabía cuándo aparecería la entrevista de Rita con Harry en El Quisquilloso, pues su padre estaba esperando un largo e interesantísimo artículo basado en el testimonio de personas que recientemente habían visto snorkacks de cuernos arrugados.
—Como os podéis imaginar —explicó—, esa historia es muy importante, así que la de Harry quizá tenga que esperar al siguiente número.
Para Harry no fue una experiencia fácil hablar de la noche en que regresó Voldemor