ue hemos pensado que podríamos encontrar la forma de burlar su vigilancia —explicó George, desperezándose, con una sonrisa en los labios—. Se trata simplemente de organizar una maniobra de distracción. Mira, no sé si te habrás fijado en que hemos estado muy tranquilos durante las vacaciones de Pascua...
—¿Qué sentido tenía alterar el tiempo de ocio? —continuó Fred—. Ninguno, nos dijimos. Y por supuesto, habríamos molestado a los estudiantes que estaban repasando, y por nada del mundo querríamos hacer eso. —Miró a Hermione con cara de mojigato. A ella le sorprendió que los gemelos hubieran tenido tanta consideración—. Pero a partir de mañana empieza otra vez la fiesta —prosiguió enérgicamente—. Y ya que tenemos pensado causar un poco de alboroto, ¿por qué no hacerlo de modo que Harry pueda aprovechar la ocasión para charlar con Sirius?
—Sí, pero de todos modos —dijo Hermione como si le estuviera contando algo muy simple a una persona muy obtusa—, aunque consigáis distraer a la profesora Umbridge, ¿cómo se supone que va a hablar Harry con Sirius?
—En el despacho de la profesora Umbridge —contestó él en voz baja.
Llevaba dos semanas pensándolo y no se le había ocurrido ninguna alternativa. La propia profesora Umbridge le había dicho que la única chimenea que no estaba vigilada era la de su despacho.
—¿Te has vuelto loco? —replicó Hermione con voz queda.
Ron había dejado de leer un folleto en el que ofrecían puestos de trabajo en la industria del cultivo de hongos y escuchaba la conversación con recelo.
—Creo que no —contestó Harry, y se encogió de hombros.
—¿Y cómo piensas entrar allí, para empezar?
Harry estaba preparado para contestar a aquella pregunta.
—Con la navaja de Sirius —dijo.
—¿Con qué?
—Hace dos Navidades, Sirius me regaló una navaja que abre cualquier cerradura. Así que, aunque la profesora Umbridge haya encantado la puerta para que no funcione el Alohomora, como imagino que habrá hecho...
—¿Qué opinas tú de esto? —le preguntó Hermione a Ron, y de inmediato Harry recordó cómo la señora Weasley había apelado a su marido durante la primera cena en Grimmauld Place.
—No lo sé —contestó Ron. Al parecer, Hermione lo había pillado desprevenido al pedirle su opinión—. Si Harry quiere hacerlo, es asunto suyo, ¿no?
—Así hablan los buenos amigos y los Weasley —afirmó Fred, y dio unas fuertes palmadas a Ron en la espalda—. Muy bien. Hemos pensado hacerlo mañana, después de las clases, porque provocaríamos un impacto máximo si todo el mundo estuviera en los pasillos. Harry, lo soltaremos en el ala este, no sé exactamente dónde, y la obligaremos a salir de su despacho. Calculo que podemos garantizarte... unos veinte minutos, ¿verdad? —añadió mirando a George.
—Sí, seguro —confirmó éste.
—¿En qué consiste la maniobra de distracción? —preguntó Ron.
—Ya lo verás, hermanito —dijo Fred mientras él y su gemelo se levantaban—. Sólo tienes que estar en el pasillo de Gregory el Pelota mañana a eso de las cinco.

Al día siguiente Harry se despertó temprano, casi tan nervioso como el día de su vista disciplinaria en el Ministerio de la Magia. Lo que lo angustiaba no era únicamente la perspectiva de entrar en el despacho de la profesora Umbridge y utilizar su chimenea para hablar con Sirius, aunque desde luego ese hecho habría sido suficiente, sino que, además, aquel día Harry estaría cerca de Snape por primera vez desde que el profesor lo había echado de su despacho. Tras permanecer un rato tumbado en la cama, pensando en el día que tenía por delante, Harry se levantó sin hacer ruido y fue hasta la ventana que había junto a la cama de Neville. Miró por ella y vio que hacía una mañana francamente espléndida. El cielo estaba de un azul claro, neblinoso y opalino. Justo delante de la ventana por la que miraba Harry, se encontraba la altísima haya bajo la que su padre había atormentado a Snape. No estaba seguro de qué podría decirle Sirius para explicar la escena que había visto en el pensadero, pero estaba impaciente por escuchar la versión de su padrino sobre lo ocurrido, conocer cualquier factor atenuante que pudiera haber habido, cualquier excusa, por pequeña que fuera, para justificar el comportamiento de su padre...
De pronto Harry vio que algo se movía en los límites del Bosque Prohibido. Aguzó la vista y distinguió a Hagrid, que salía de entre los árboles. Le pareció que cojeaba. Mientras Harry lo observaba, el guardabosques fue haciendo eses hasta la puerta de su cabaña y se metió dentro. El chico se quedó varios minutos contemplando la cabaña. Hagrid no volvió a aparecer, pero empezó a salir humo por la chimenea; no podía estar muy malherido si todavía era capaz de echarle leña al fuego.
Harry se apartó de la ventana, regresó junto a su baúl y empezó a vestirse.
Con la perspectiva de entrar por la fuerza en el despacho de la profesora Umbridge, Harry no esperaba que aquél fuera a ser un día tranquilo, pero no había contado con que Hermione lo acosara constantemente para disuadirlo de lo que planeaba hacer a las cin