todo lo que a Snape le habría gustado tener: amigos, era bueno jugando al quidditch... Era bueno en casi todo. Y Snape no era más que un bicho raro que se pirraba por las artes oscuras, y James siempre odió las artes oscuras, Harry, eso te lo puedo asegurar.
—Ya, pero atacó a Snape sin motivo, sólo porque..., bueno, sólo porque tú dijiste que te aburrías —concluyó con un deje de disculpa en la voz.
—No me enorgullezco de ello —se apresuró a decir su padrino.
Lupin miró de soslayo a Sirius y dijo:
—Mira, Harry, lo que tienes que entender es que tu padre y Sirius eran los mejores del colegio en todo. Los demás pensaban que eran insuperables, y si a veces se dejaban llevar un poco...
—Si a veces éramos unos chulos arrogantes, querrás decir —lo corrigió Sirius.
Lupin sonrió.
—Se despeinaba el pelo continuamente —comentó Harry, apenado.
Sirius y Lupin rieron.
—Se me había olvidado que tenía esa costumbre —comentó Sirius cariñosamente.
—¿Estaba jugando con la snitch? —preguntó Lupin.
—Sí —respondió Harry, y vio con estupor cómo Sirius y Lupin sonreían con nostalgia—. Pero... me pareció que era un poco idiota.
—¡Pues claro que era un poco idiota! —admitió Sirius—. ¡Todos lo éramos! Bueno, Lunático no tanto —añadió con justicia mirando a Lupin.
Pero éste negó con la cabeza.
—¿Os dije alguna vez que dejarais tranquilo a Snape? ¿Tuve alguna vez el valor de comentaros que creía que os estabais pasando de la raya?
—Ya, pero... —replicó Sirius—. A veces conseguías que nos avergonzáramos de nosotros mismos, y eso ya era algo.
—¡Y no paraba de mirar a las chicas que había en la orilla del lago para ver si ellas lo miraban a él! —prosiguió Harry, obstinado. Ya que había ido hasta allí, decidió soltar todo lo que tenía en la cabeza.
—Sí, bueno, siempre hacía el ridículo cuando veía a Lily —afirmó Sirius encogiéndose de hombros—. Cuando ella estaba cerca, James no podía evitar hacerse el chulo.
—¿Cómo puede ser que mi madre se casara con él? —preguntó Harry muy afligido—. ¡Lo odiaba!
—No, no lo odiaba —respondió Sirius.
—Empezó a salir con él en séptimo —concretó Lupin.
—Cuando a James ya se le habían bajado un poco los humos —añadió Sirius.
—Y ya no echaba maleficios a la gente para divertirse —dijo Lupin.
—¿Tampoco a Snape?
—Bueno, Snape era un caso especial —admitió Lupin—. Verás, él tampoco desaprovechaba jamás la oportunidad de echar una maldición a James, y lo lógico era que James se defendiera, ¿no?
—¿Y a mi madre no le importaba?
—La verdad es que no se enteraba —repuso Sirius—. Como podrás imaginar, James no se llevaba a Snape a sus citas con Lily para embrujarlo delante de ella. —Sirius miró con la frente fruncida a Harry, que todavía no parecía convencido—. Mira —dijo—, tu padre era el mejor amigo que jamás he tenido, y una buena persona. Mucha gente se comporta como si fuera idiota cuando tiene quince años. Pero James maduró con el tiempo.
—Está bien —aceptó Harry, apesadumbrado—. Es que nunca pensé que podría sentir lástima por Snape.
—Oye, por cierto —terció Lupin, y frunció un poco el entrecejo—, ¿cómo reaccionó Snape cuando se enteró de que habías visto todo eso?
—Me dijo que no volvería a enseñarme Oclumancia —contestó Harry con indiferencia—, como si yo fuera a echar de menos las...
—¿CÓMO DICES? —gritó Sirius haciendo que Harry se sobresaltara y aspirara un montón de cenizas.
—¿Lo dices en serio, Harry? —le preguntó Lupin—. ¿Ha dejado de darte clases?
—Sí —contestó él, muy sorprendido por lo que consideraba una reacción exagerada—. Pero no pasa nada, no me importa, en realidad me alegro...
—¡Voy para allá ahora mismo! ¡Se va a enterar! —gritó Sirius con vehemencia, e hizo el amago de levantarse, pero Lupin lo agarró por un brazo y lo obligó a sentarse.
—¡Si hay que decirle algo a Snape, ya me encargo yo! —aclaró Lupin con firmeza—. Pero Harry, antes que nada, tienes que ir a hablar con Snape y decirle que de ningún modo debe dejar de darte clases. Cuando lo sepa Dumbledore...
—¡No puedo decirle eso, me mataría! —exclamó Harry, escandalizado—. Vosotros no lo visteis cuando salimos del pensadero.
—¡Harry, ahora lo más importante es que aprendas Oclumancia! —aseguró Lupin con severidad—. ¿Me has entendido? ¡No hay nada más importante!
—Está bien, está bien —dijo el chico, confuso y enfadado—. Intentaré decirle algo, pero no va a ser...
Se quedó callado. Había oído unos pasos a lo lejos.
—¿Qué es eso? ¿Está bajando Kreacher por la escalera?
—No —contestó Sirius mirando hacia atrás—. Debe de ser alguien en tu lado.
A Harry le dio un vuelco el corazón.
—¡Más vale que me vaya! —dijo apresuradamente, y sacó la cabeza de la chimenea de Grimmauld Place. Durante unos instantes tuvo la sensación de que le giraba sobre los hombros; entonces se encontró arrodillado delante de la chimenea del despacho de la profesora Umbridge, con la cabeza en su sitio, mientras contemplaba cómo las llamas de color esmeralda parpadeaban hasta apagarse.
—¡Rápido, rápido! —oyó que decía una voz jadeante al otro lado de la puerta del despac