os exámenes durante diez minutos hasta que capturaron a todas las aves y las desalojaron del comedor.
El miércoles hizo el examen de Herbología (si no tenía en cuenta el pequeño mordisco que recibió de un geranio colmilludo, Harry creía que lo había hecho muy bien), y luego, el jueves, Defensa Contra las Artes Oscuras. Aquel día Harry se convenció por primera vez de que había aprobado. No tuvo ninguna dificultad con las preguntas escritas, y durante el examen práctico disfrutó especialmente realizando los contraembrujos y los hechizos defensivos delante de la profesora Umbridge, que lo miraba con frialdad desde cerca de las puertas que daban al vestíbulo.
—¡Bravo! —exclamó el profesor Tofty, que volvía a examinar a Harry, cuando éste realizó a la perfección un hechizo repulsor de boggarts—. ¡Excelente! Bueno, creo que eso es todo, Potter... A menos que... —El hombre se inclinó un poco hacia delante—. Mi buen amigo Tiberius Ogden me ha dicho que sabes hacer un Patronus. Si quieres subir la nota...
Harry alzó su varita, miró directamente a la profesora Umbridge y se imaginó que la echaban del colegio.
—¡Expecto patronum!
Su ciervo plateado salió del extremo de la varita mágica y recorrió el comedor a medio galope. Los examinadores giraron la cabeza para verlo, y cuando se disolvió en una neblina plateada, el profesor Tofty aplaudió con entusiasmo con sus nudosas manos, surcadas de venas.
—¡Excelente! —gritó—. ¡Muy bien, Potter, ya puedes marcharte!
Al pasar junto a la profesora Umbridge, Harry y ella se miraron. Una desagradable sonrisa se insinuaba en las comisuras de la ancha y flácida boca de la profesora, pero a Harry no le importó. A menos que se equivocara mucho (y por si así era, no pensaba decírselo a nadie), acababa de conseguir un «Extraordinario» en el TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras.
El viernes, Harry y Ron no tenían ningún examen, mientras que Hermione se presentaba al de Runas Antiguas, y como tenían todo el fin de semana por delante, se permitieron el lujo de no estudiar. Sentados junto a la ventana abierta, por la que entraba una cálida brisa estival, bostezaban y se desperezaban mientras jugaban al ajedrez mágico. A lo lejos, Harry veía a Hagrid, que daba una clase donde se iniciaba el bosque. Estaba intentando adivinar qué criaturas estudiaban los alumnos (dedujo que debían de ser unicornios porque los chicos se mantenían un poco apartados) cuando se abrió el hueco del retrato y Hermione entró muy malhumorada en la sala común.
—¿Cómo te ha ido el examen de Runas? —le preguntó Ron sin parar de bostezar.
—He traducido mal «ehwaz» —dijo Hermione, furiosa—. Significa «asociación», y no «defensa». Lo he confundido con «eihwaz».
—Bueno —comentó Ron perezosamente—, eso es sólo un pequeño error, no creo que...
—¡Cállate, Ron! —saltó Hermione—. Podría ser el error que marcara la diferencia entre un aprobado y un suspenso. Además, alguien ha puesto otro escarbato en el despacho de la profesora Umbridge. No sé cómo habrán conseguido colarlo por la puerta nueva, pero el caso es que ha entrado, y la profesora Umbridge está que se sube por las paredes. Al parecer, el escarbato ha intentado pegarle un mordisco en la pierna.
—¡Genial! —exclamaron Harry y Ron a la vez.
—¡No tiene nada de genial! —los contradijo Hermione acaloradamente—. Ella cree que el responsable es Hagrid, ¿no os acordáis? ¡Y no queremos que lo despidan!
—Hagrid está dando una clase, no puede culparlo a él —argumentó Harry señalando la ventana.
—¡Harry, a veces eres tan ingenuo!... ¿De verdad crees que la profesora Umbridge esperará a tener pruebas? —preguntó Hermione, que parecía decidida a estar de un humor de perros, y se fue con la cabeza erguida hacia su dormitorio, cerrando de un portazo.
—Qué chica tan encantadora y tan dulce —comentó Ron en voz baja a la vez que daba un empujoncito a su reina para que atacara a uno de los caballos de Harry.
Hermione estuvo de mal humor casi todo el fin de semana, aunque a sus amigos no les costó mucho ignorarlo, pues durante gran parte del sábado y del domingo repasaron Pociones para el examen del lunes; era la prueba que Harry más temía y estaba seguro de que significaría el desmoronamiento de su ilusión de llegar a ser Auror. Como era de esperar, encontró difícil el examen escrito, aunque creía que había contestado correctamente a la pregunta sobre la poción multijugos y había sabido describir con precisión sus efectos, pues la había tomado ilegalmente en su segundo año en Hogwarts.
El examen práctico de la tarde no resultó tan espantoso como Harry había imaginado. Snape no estuvo presente, y Harry se sintió mucho más relajado que cuando preparaba sus pociones. Neville, que estaba sentado muy cerca de Harry, también parecía más tranquilo de lo que este lo había visto jamás durante las clases de Pociones. Cuando la profesora Marchbanks dijo: «Separaos de vuestros calderos, por favor. El examen ha terminado», Harry tapó su botella de muestra con la sensación de que quizá no sacase muy bue