he dicho, lo he visto...
—¡Por favor, Harry, te lo suplico! —exclamó Hermione, desesperada—. Déjanos comprobar si Sirius se ha marchado de su casa antes de salir en estampida hacia Londres. Si no está en Grimmauld Place, te juro que no haré nada para impedir que vayas. Iré contigo, haré... lo que sea para ayudarte a salvarlo.
—¡Voldemort está torturando a Sirius AHORA MISMO! —gritó Harry—. No podemos perder más tiempo.
—Pero todo esto podría ser una trampa de Voldemort, Harry, tenemos que comprobarlo.
—¿Cómo? —preguntó Harry—. ¿Cómo vamos a comprobarlo?
—Tendremos que utilizar la chimenea de la profesora Umbridge e intentar hablar con él —propuso Hermione, pese a que aquella idea la aterraba—. Volveremos a despistar a la profesora Umbridge, pero necesitaremos alguien que vigile, y ahí es donde pueden ayudarnos Ginny y Luna.
Pese a que todavía no había entendido del todo lo que estaba pasando, Ginny dijo inmediatamente:
—Sí, contad con nosotras.
Y Luna inquirió:
—¿Cuando dices «Sirius», te refieres a Stubby Boardman?
Nadie le contestó.
—Está bien... —le respondió Harry en tono agresivo a Hermione—. Está bien , si se te ocurre una forma de hacerlo deprisa, estoy de acuerdo, pero si no, me voy ahora mismo al Departamento de Misterios.
—¿Al Departamento de Misterios? —preguntó Luna con un deje de sorpresa—. Pero ¿cómo piensas ir hasta allí?
Harry la ignoró una vez más.
—Muy bien —continuó Hermione mientras se retorcía las manos y se paseaba entre los pupitres—. Muy bien... Bueno, uno de nosotros tiene que ir a buscar a la profesora Umbridge y... y conseguir que vaya hacia otro lado, alejarla de su despacho. Podríamos decirle, no sé, que Peeves ha hecho alguna de las suyas...
—De eso ya me encargo yo —se ofreció Ron—. Le diré que Peeves está destrozando el departamento de Transformaciones o algo así; está muy lejos de su despacho. Ahora que lo pienso, si me lo encuentro por el camino podría convencer a Peeves de que lo haga.
—Muy bien —dijo con la frente fruncida mientras seguía paseándose arriba y abajo; el hecho de que Hermione no pusiera reparos a que se destrozara el departamento de Transformaciones indicaba la gravedad de la situación—. También tendremos que mantener a los estudiantes lejos de su despacho mientras forzamos la puerta, porque si no alguno de Slytherin iría a chivarse.
—Luna y yo podemos montar guardia en cada uno de los extremos del pasillo —propuso Ginny—, y avisar a la gente de que no entre en él porque alguien ha soltado gas agarrotador. —A Hermione le sorprendió la rapidez con que a Ginny se le había ocurrido aquella mentira; Ginny se encogió de hombros y añadió—: Fred y George pensaban hacerlo antes de marcharse.
—Vale —dijo Hermione—. Entonces, Harry, tú y yo nos pondremos la capa invisible y entraremos en el despacho, y podrás hablar con Sirius...
—¡Te digo que no está allí, Hermione!
—Bueno, podrás... comprobar si Sirius está en casa o no mientras yo vigilo. No creo que debas quedarte allí solo, pues Lee ya ha demostrado que la ventana es un punto débil porque coló los escarbatos por ella.
Pese a la rabia y la impaciencia que sentía, Harry reconoció el ofrecimiento de Hermione de acompañarlo al despacho de la profesora Umbridge como una muestra de solidaridad y lealtad.
—Sí, gracias —murmuró.
—Bueno, aunque hagamos todo lo que hemos dicho, no creo que consigamos más de cinco minutos —comentó Hermione un poco aliviada después de que Harry hubiera aprobado su plan—; no hemos de olvidarnos de Filch ni de esa maldita Brigada Inquisitorial.
—Tendré suficiente con cinco minutos —aseguró Harry—. Y ahora, vamos...
—¿Ya? —dijo Hermione, sorprendida.
—¡Pues claro! —estalló Harry con enojo—. ¿Qué creías, que íbamos a esperar hasta después de la cena o algo así? ¡Hermione, Voldemort está torturando a Sirius en estos precisos momentos, mientras nosotros estamos aquí charlando!
—Está bien, está bien. Ve a buscar la capa invisible, yo te espero al final del pasillo de la profesora Umbridge, ¿de acuerdo?
Harry no contestó: salió a todo correr del aula y empezó a abrirse camino entre la marea de estudiantes que llenaban los pasillos. Dos pisos más arriba se cruzó con Seamus y Dean, que lo saludaron alegremente y le comunicaron que habían organizado una fiesta en la sala común para celebrar el final de los exámenes. Harry no les hizo ni caso. Se coló por el hueco del retrato mientras ellos seguían discutiendo sobre cuántas cervezas de mantequilla tenían que comprar en el mercado negro, y luego salió otra vez por el retrato, con la capa invisible y la navaja de Sirius en la mochila, sin que ellos se dieran ni cuenta.
—Harry, ¿quieres contribuir con un par de galeones? Harold Dingle dice que puede conseguirnos un poco de whisky de fuego...
Pero Harry ya había echado a correr por el pasillo, y un par de minutos más tarde saltaba los últimos escalones para reunirse con Ron, Hermione, Ginny y Luna, que estaban apiñados al final del pasillo de la profesora Umbridge.
—Ya lo tengo todo —dijo entrecortadamente—