s mortífagos soltaron débiles bufidos.
—¿Te atreves a pronunciar su nombre? —susurró Bellatrix.
—Sí —contestó Harry, y sujetó con fuerza la bola de cristal por si Bellatrix volvía a intentar arrebatársela—. Sí, no tengo ningún problema en decir Vol...
—¡Cierra el pico! —le ordenó Bellatrix—. Cómo te atreves a pronunciar su nombre con tus indignos labios, cómo te atreves a mancillarlo con tu lengua de sangre mestiza, cómo te atreves...
—¿Sabía usted que él también es un sangre mestiza? —preguntó Harry con temeridad. Hermione soltó un débil gemido—. Me refiero a Voldemort. Sí, su madre era bruja, pero su padre era muggle. ¿Acaso les ha contado que es un sangre limpia?
—¡DESMA..!
—¡NO!
Un haz de luz roja había salido del extremo de la varita mágica de Bellatrix Lestrange, pero Malfoy lo había desviado; el hechizo de Malfoy hizo que el de Bellatrix diera contra un estante, a un palmo hacia la izquierda de donde estaba Harry, y varias esferas de cristal se rompieron.
Dos figuras, nacaradas como fantasmas y fluidas como el humo, se desplegaron entre los trozos de cristal roto que habían caído al suelo, y ambas empezaron a hablar; sus voces se sobreponían una a otra, de modo que entre los gritos de Malfoy y Bellatrix sólo se oían fragmentos de la profecía.
—...el día del solsticio llegará un nuevo... —decía la figura de un anciano con barba.
—¡NO LO ATAQUES! ¡NECESITAMOS LA PROFECÍA!
—Se ha atrevido..., se atreve —chilló Bellatrix con incoherencia—. Este repugnante sangre mestiza... Míralo, ahí plantado...
—¡ESPERA HASTA QUE TENGAMOS LA PROFECÍA! —bramó Malfoy.
—...y después no habrá ninguno más... —dijo la figura de una mujer joven.
Las dos figuras que habían salido de las esferas rotas se disolvieron en el aire. Lo único que quedaba de ellas y de sus antiguos receptáculos eran unos trozos de cristal en el suelo. Sin embargo, aquellas figuras le habían dado una idea a Harry. El problema era cómo transmitírsela a los demás.
—No me han explicado ustedes todavía qué tiene de especial esta profecía que pretenden que les entregue —dijo para ganar tiempo mientras desplazaba lentamente un pie hacia un lado, buscando el de alguno de sus compañeros.
—No te hagas el listo con nosotros, Potter —le previno Malfoy.
—No me hago el listo —replicó él mientras concentraba la mente tanto en la conversación como en el tanteo del suelo. Y entonces encontró un pie y lo pisó. Una brusca inhalación a sus espaldas le indicó que se trataba del de Hermione.
—¿Qué? —susurró ella.
—¿Dumbledore nunca te ha contado que el motivo por el que tienes esa cicatriz estaba escondido en las entrañas del Departamento de Misterios? —inquirió Malfoy con sorna.
—¿Cómo? —se extrañó Harry, y por un momento se olvidó de su plan—. ¿Qué dice de mi cicatriz?
—¡¿Qué?! —susurró Hermione con impaciencia.
—¿Cómo puede ser? —continuó Malfoy regodeándose maliciosamente; los mortífagos volvieron a reír, y Harry aprovechó la ocasión para susurrarle a Hermione, sin apenas mover los labios:
—Destrozad... las estanterías...
—¿Dumbledore nunca te lo ha contado? —repitió Malfoy—. Claro, eso explica por qué no viniste antes, Potter, el Señor Tenebroso se preguntaba por qué...
—...cuando diga «ya»...
—...no viniste corriendo cuando él te mostró en tus sueños el lugar donde estaba escondida. Creyó que te vencería la curiosidad y que querrías escuchar las palabras exactas...
—¿Ah, sí? —dijo Harry. Entonces oyó, o más bien notó, cómo detrás de él Hermione pasaba el mensaje a los demás, y siguió hablando para distraer a los mortífagos—.Y quería que viniera a buscarla, ¿verdad? ¿Por qué?
—¿Por qué? —repitió Malfoy, incrédulo y admirado—. Porque las únicas personas a las que se les permite retirar una profecía del Departamento de Misterios, Potter, son aquellas a las que se refiere la profecía, como descubrió el Señor Tenebroso cuando envió a otros a robarla.
—¿Y por qué quería robar una profecía que hablaba de mí?
—De los dos, Potter, hablaba de los dos... ¿Nunca te has preguntado por qué el Señor Tenebroso intentó matarte cuando eras un crío?
Harry miró fijamente las rendijas detrás de las que brillaban los grises ojos de Malfoy. ¿Era esa profecía la causa de que hubieran muerto sus padres, la causa de que él tuviera la cicatriz con forma de rayo en la frente? ¿Tenía la respuesta a esas preguntas en las manos?
—¿Que alguien hizo una profecía sobre Voldemort y sobre mí? —preguntó con un hilo de voz mirando a Lucius Malfoy, y sus dedos se apretaron contra la caliente esfera de cristal que tenía en las manos. No era mucho más grande que una snitch, y todavía estaba cubierta de polvo—. ¿Y me ha hecho venir a buscarla para él? ¿Por qué no venía y la cogía él mismo?
—¿Cogerla él mismo? —chilló Bellatrix mezclando las palabras con una sonora carcajada—. ¿Cómo iba a entrar el Señor Tenebroso en el Ministerio de la Magia, precisamente ahora que no quieren admitir que ha regresado? ¿Cómo iba a mostrarse el Señor Tenebroso ante los Aurores, ahora que pierden tan generosamente el tiempo bus