oco Phineas Nigellus, que se hallaba a la izquierda de Harry.
—Sí, Phineas —confirmó Dumbledore.
—No me lo creo —repuso Phineas con brusquedad. Harry giró la cabeza a tiempo de ver cómo Phineas salía de su retrato, y comprendió que había ido a visitar el otro en el que él aparecía, el que estaba colgado en Grimmauld Place. Seguramente iría de retrato en retrato llamando a Sirius por toda la casa...
—Te debo una explicación, Harry —comenzó Dumbledore—. La explicación de los errores de un anciano, pues ahora me doy cuenta de que lo que he hecho y no he hecho contigo lleva el sello de los defectos de la edad. Los jóvenes no podéis saber cómo piensan ni cómo sienten los ancianos, pero los ancianos cometemos un error si olvidamos qué significa ser joven... Y por lo visto, últimamente yo lo he olvidado.
Estaba saliendo el sol; se veía un trocito de un deslumbrante tono anaranjado sobre las montañas, y por encima de él el cielo relucía, aunque parecía descolorido. La luz caía sobre Dumbledore, sobre sus cejas y su barba plateadas y sobre las profundas arrugas de su cara.
—Hace quince años —continuó—, cuando vi la cicatriz de tu frente, imaginé lo que debía de significar. Supuse que representaba la señal de la conexión que se había forjado entre Voldemort y tú.
—Eso ya me lo ha contado, profesor —aseguró Harry con rotundidad. No le importaba ser maleducado. Ya no le importaba nada.
—Sí —se disculpó Dumbledore—. Sí, pero es necesario empezar hablando de tu cicatriz porque, poco después de que te reincorporaras al mundo mágico, se hizo patente que yo tenía razón, y que tu cicatriz te avisaba cuando Voldemort estaba cerca de ti, o cuando sentía una fuerte emoción.
—Ya lo sé —dijo Harry cansinamente.
—Y esa capacidad tuya de detectar la presencia de Voldemort, incluso cuando está enmascarado, y de saber lo que siente cuando se despiertan sus emociones, se ha hecho cada vez más pronunciada desde que Voldemort regresó a su propio cuerpo y recuperó todos sus poderes. —Harry ni siquiera se molestó en asentir con la cabeza. Eso también lo sabía—. Más recientemente —prosiguió Dumbledore—, empezó a preocuparme que Voldemort pudiera notar que existía esa conexión entre vosotros dos. Y, en efecto, llegó un momento en que tú te adentraste tanto en la mente y en los pensamientos de Voldemort que él se percató de tu presencia. Me refiero, por supuesto, a la noche en que presenciaste la agresión que sufrió el señor Weasley.
—Snape me lo dijo —murmuró Harry.
—El profesor Snape, Harry —lo corrigió Dumbledore con delicadeza—. Pero ¿no te preguntaste por qué no te lo conté yo personalmente? ¿Por qué no te enseñé yo Oclumancia? ¿Por qué ni siquiera te había mirado durante meses?
Harry levantó la cabeza. Ahora se daba cuenta de que Dumbledore parecía triste y cansado.
—Sí —masculló—. Sí, claro que me lo pregunté.
—Verás, creía que Voldemort no podía tardar mucho en intentar entrar en tu mente para manipular y dirigir tus pensamientos, y no quería ofrecerle más alicientes para hacerlo. Estaba convencido de que si se daba cuenta de que nuestra relación era, o había sido alguna vez, algo más que la mera relación entre alumno y director, aprovecharía esa oportunidad para utilizarte como un medio para espiarme. Me asustaba pensar en cómo podría manejarte, o en la posibilidad de que intentara poseerte. Harry, creo que tenía razón cuando suponía que Voldemort se habría servido de ti de ese modo. En las pocas ocasiones en que tú y yo tuvimos contacto directo, me pareció ver una sombra de él en tus ojos...
Harry recordó la sensación de que una serpiente dormida se había despertado en su interior, dispuesta a atacar, cuando él y Dumbledore se habían mirado a la cara.
—El objetivo de Voldemort al poseerte, como ha demostrado esta noche, no habría sido mi destrucción, sino la tuya. Cuando te poseyó brevemente, hace un rato, él confiaba en que yo te sacrificaría para quitarle a él la vida. Así que, como ves, lo que yo intentaba al distanciarme de ti, Harry, era protegerte. Un error de anciano...
Dumbledore suspiró profundamente. Harry dejaba que las palabras resbalaran sobre él. Le habría interesado mucho que le hubiera dado esas explicaciones unos meses atrás, pero ahora no tenían sentido comparadas con el profundo abismo que se había abierto en su interior por la pérdida de Sirius; nada de todo aquello importaba ya...
—Sirius me dijo que habías sentido a Voldemort despierto dentro de ti la noche que tuviste la visión del ataque a Arthur Weasley. Comprendí de inmediato que mis peores temores eran ciertos: Voldemort se había dado cuenta de que podía utilizarte. En un intento de armarte contra sus intentos de introducirse en tu mente, pedí al profesor Snape que te enseñara Oclumancia.
Dumbledore hizo una pausa. Harry contemplaba la luz del sol, que resbalaba lentamente por la lustrosa superficie de la mesa del director e iluminaba un tintero de plata y una hermosa pluma escarlata. Harry sabía que los retratos de las paredes estaban despiertos y escuch