aban cautivados el discurso de Dumbledore; de vez en cuando oía el frufrú de una túnica, un carraspeo. Sin embargo, Phineas Nigellus aún no había regresado.
—El profesor Snape descubrió que llevabas meses soñando con la puerta del Departamento de Misterios —continuó Dumbledore—. Desde que recuperó su cuerpo, Voldemort estaba obsesionado, como es lógico, con la posibilidad de escuchar la profecía; y cuando pensaba en la puerta, tú también lo hacías, aunque no sabías qué significaba.
»Y entonces viste en sueños a Rookwood, quien hasta antes de su detención trabajaba en el Departamento de Misterios, mientras le decía a Voldemort lo que él ya sabía: que las profecías guardadas en el Ministerio de la Magia estaban fuertemente protegidas. Sólo las personas a las que se refieren pueden cogerlas de esas estanterías sin enloquecer. Así pues, sólo había dos alternativas: o el propio Voldemort tendría que entrar en el Ministerio de la Magia arriesgándose a ser visto por fin, o tendrías que cogerla tú por él. Por lo tanto, que dominaras la Oclumancia se convirtió en un asunto de mayor urgencia aún.
—Pero no la dominé —murmuró Harry. Lo dijo en voz alta intentando así aligerar el peso de su sentimiento de culpa: una confesión aliviaría sin duda parte de la terrible presión que le oprimía el pecho—. Ni practiqué ni le di importancia; y podría haber dejado de tener esos sueños; Hermione insistía en que practicara; si lo hubiera hecho, él no habría podido mostrarme adónde tenía que ir, y... Sirius no... Sirius no... —Algo estaba brotando en la mente de Harry: una necesidad de justificarse, de explicar—. ¡Traté de comprobar si era verdad que tenía a Sirius, fui al despacho de la profesora Umbridge, hablé con Kreacher por la chimenea y él me dijo que Sirius no estaba allí, que se había ido!
—Kreacher te mintió —afirmó Dumbledore con serenidad—. Tú no eres su amo, él podía mentirte sin necesidad de autocastigarse siquiera. Kreacher quería que fueras al Ministerio de la Magia.
—¿Él... él me envió allí a propósito?
—Sí. Me temo que Kreacher lleva meses sirviendo a más de un amo.
—¿Cómo? —se extrañó Harry sin comprender—. Pero si hace años que no sale de Grimmauld Place.
—Kreacher aprovechó su oportunidad poco después de Navidad —le explicó Dumbledore—, cuando Sirius, por lo visto, le gritó que se «largara». Él le tomó la palabra a tu padrino, e interpretó aquella expresión como una orden de salir de Grimmauld Place. Así que fue a casa del único miembro de la familia Black por el que todavía sentía algún respeto: Narcisa, prima de Black, hermana de Bellatrix y esposa de Lucius Malfoy.
—¿Cómo sabe usted todo eso? —le preguntó Harry. El corazón le latía muy deprisa y se sentía mareado. Recordaba haber estado preocupado por la ausencia de Kreacher durante las Navidades, y recordaba también que el elfo había aparecido de repente en el desván...
—Kreacher me lo contó todo anoche —contestó Dumbledore—. Verás, cuando le diste aquel críptico mensaje al profesor Snape, él comprendió que habías tenido una visión de Sirius atrapado en las profundidades del Departamento de Misterios. El profesor Snape hizo lo mismo que tú: intentó ponerse rápidamente en contacto con Sirius. Debería aclarar que los miembros de la Orden del Fénix disponen de métodos de comunicación más fiables que la chimenea del despacho de Dolores Umbridge. El profesor Snape comprobó que tu padrino estaba vivo y a salvo en Grimmauld Place.
»Sin embargo, al ver que no regresabas de tu incursión en el Bosque Prohibido con Dolores Umbridge, el profesor Snape se preocupó, pues tú debías de seguir creyendo que lord Voldemort mantenía cautivo a Sirius, y alertó de inmediato a varios miembros de la Orden. —Dumbledore suspiró profundamente de nuevo y prosiguió—. Alastor Moody, Nymphadora Tonks, Kingsley Shacklebolt y Remus Lupin estaban en el cuartel general cuando el profesor Snape estableció contacto. Todos acordaron ir enseguida en tu ayuda. El profesor Snape pidió que Sirius se quedara en el cuartel general, pues necesitaba que alguien permaneciera allí para contarme a mí lo ocurrido, dado que yo llegaría a Grimmauld Place en cualquier momento. Entre tanto, el profesor Snape tenía intención de buscarte en el bosque.
»Pero Sirius no quiso quedarse atrás mientras los demás acudían en tu ayuda. Delegó en Kreacher la tarea de contarme lo sucedido. Así pues, cuando llegué a Grimmauld Place, poco después de que todos hubieran salido hacia el Ministerio, fue el elfo quien me contó, riendo a carcajadas, adónde había ido Sirius.
—¿Riendo? —preguntó Harry con voz apagada.
—Sí, ya lo creo. Verás, Kreacher no podía traicionarnos completamente. Pese a no ser guardián de los secretos de la Orden, no podía revelar nuestro paradero a los Malfoy ni contarles los planes confidenciales de la Orden que le habían prohibido revelar. Estaba atado por los encantamientos de su raza, es decir, no podía desobedecer una orden directa de su amo, Sirius. Pero dio a Narcisa cierta información que para Voldem