es ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes...»
La figura de la profesora Trelawney, sin dejar de dar vueltas sobre sí misma, se sumergió en la masa plateada que llenaba la vasija y desapareció.
Se hizo un silencio absoluto en el despacho. Ni Dumbledore ni Harry ni los retratos hicieron ruido alguno. Hasta Fawkes se había quedado mudo.
—Profesor... —dijo Harry con un hilo de voz, pues Dumbledore, que no había apartado la vista del pensadero, parecía completamente ensimismado—. ¿Significa eso...? ¿Qué significa?
—Significa que la única persona capaz de vencer a lord Voldemort para siempre nació a finales de julio hace casi dieciséis años. Y que los padres de ese niño habían desafiado tres veces a Voldemort.
Harry sintió como si algo se cerniera sobre él, y de nuevo le costaba respirar. —¿Soy... yo? Dumbledore respiró profundamente y dijo con voz queda:
—Lo curioso, Harry, es que tal vez no fueras tú. La profecía de Sybill podría haberse referido a dos niños magos, ambos nacidos a finales de julio de aquel año, cuyos padres pertenecían a la Orden del Fénix y habían escapado por poco de Voldemort en tres ocasiones. Uno eras tú, por supuesto. El otro era Neville Longbottom.
—Pero entonces..., entonces... ¿por qué era mi nombre el que estaba en la profecía, y no el de Neville?
—El registro oficial volvió a etiquetarse después de que Voldemort intentara matarte cuando eras un bebé —le explicó Dumbledore—. Al responsable de la Sala de las Profecías le pareció evidente que si Voldemort había intentado matarte era porque sabía que era a ti a quien se refería Sybill.
—Pero... ¿podría no ser yo?
—Me temo que no hay ninguna duda de que eres tú —respondió Dumbledore lentamente, como si cada palabra le costara un tremendo esfuerzo.
—Pero usted acaba de decir... Neville también nació a finales de julio, y sus padres...
—Olvidas la segunda parte de la profecía: el definitivo rasgo identificador del niño que podría vencer a Voldemort. El propio Voldemort «lo señalará como su igual». Y eso fue lo que hizo, Harry. Te eligió a ti y no a Neville. Te marcó con la cicatriz que ha demostrado ser al mismo tiempo bendición y maldición.
—Pero ¡pudo equivocarse al elegirme! —exclamó Harry—. ¡Pudo señalar a la persona equivocada!
—Eligió al que consideró que suponía un mayor peligro para él. Y fíjate en esto, Harry: no eligió al sangre limpia, que, según su credo, era el único que merecía llamarse mago, sino al sangre mestiza, como él. Él se identificó contigo antes incluso de verte, y al atacarte y señalarte con esa cicatriz no te mató, como pretendía hacer, sino que te dio unos poderes, y un futuro, que te han capacitado para escapar de él no una, sino cuatro veces hasta ahora, algo que no consiguieron tus padres ni los padres de Neville.
—Pero ¿por qué lo hizo? —preguntó Harry, que estaba helado y entumecido—. ¿Por qué intentó matarme cuando era un bebé? Debió esperar y ver quién de los dos, Neville o yo, parecía más peligroso cuando fuéramos mayores, y matar al que lo fuera...
—Sí, desde luego, ése habría sido el método más práctico, pero la información que Voldemort tenía sobre la profecía era incompleta. Cabeza de Puerco, que Sybill eligió por sus económicos precios, siempre ha atraído, digámoslo así, a una clientela más interesante que la de Las Tres Escobas. Como tú y tus amigos tuvisteis ocasión de comprobar, igual que yo aquella noche, es un sitio donde uno nunca debe dar por hecho que nadie lo está escuchando. Yo, por supuesto, cuando decidí reunirme allí con Sybill Trelawney, no había imaginado que fuera a oír algo que mereciera la pena escuchar a hurtadillas. La única suerte que tuve, o tuvimos, fue que la persona que estaba escuchando nuestra conversación fue detectada antes de que Sybill terminara de exponer su profecía, y la echaron del local.
—¿Entonces sólo oyó...?
—Sólo oyó el principio, la parte que predecía el nacimiento de un niño en el mes de julio, hijo de unos padres que habían desafiado tres veces a Voldemort. Por eso no pudo prevenir a su amo de que atacarte supondría correr el riesgo de transmitirte poderes y señalarte como su igual. Así que Voldemort nunca supo que podía resultar peligroso luchar contra ti, y que habría sido más prudente esperar hasta enterarse de más cosas. Él no sabía que tú tendrías «un poder que el Señor Tenebroso no conoce».
—¡Pero si no lo tengo! —dijo Harry con voz estrangulada—. No tengo ningún poder que él no tenga, yo no podría luchar como lo ha hecho él esta noche, no puedo poseer a la gente ni... matarla...
—En el Departamento de Misterios —lo interrumpió Dumbledore— hay una sala que siempre está cerrada. Contiene una fuerza que es a la vez más maravillosa y más terrible que la muerte, que la inteligencia humana, que el poder de la naturaleza. Además, quizá es también la más misteriosa de todas las cosas que se guardan allí para su estudio. Lo que tú posees en sumo grado