so de un color morado aún más intenso y miró con odio al señor Weasley, pero decidió no decir nada, en parte, quizá, porque los otros los doblaban en número. Tía Petunia parecía asustada y abochornada; no paraba de mirar a su alrededor, como si la aterrara pensar que alguien pudiera verla en semejante compañía. Dudley, por su parte, intentaba hacerse pequeño e insignificante, una hazaña en la que fracasaba estrepitosamente.
—Sólo queríamos decirles un par de cosas con respecto a Harry —prosiguió el señor Weasley sin dejar de sonreír.
—Sí —gruñó Moody—. Y del trato que queremos que reciba mientras esté en su casa.
A tío Vernon se le erizaron los pelos del bigote de indignación. Se dirigió a Moody, seguramente porque el bombín le había causado la errónea impresión de que ese personaje era el que más se parecía a él.
—Que yo sepa, lo que ocurra en mi casa no es de su incumbencia...
—Mire, sobre lo que usted no sabe podrían escribirse varios libros, Dursley —gruñó Moody.
—Bueno, no es de eso de lo que se trata —intervino Tonks, cuyo pelo de color rosa parecía ofender a tía Petunia más que cualquier otra cosa, porque cerró los ojos para no verla—. De lo que se trata es de que si nos enteramos de que han sido desagradables con Harry...
—...y no duden de que nos enteraríamos... —añadió Lupin con amabilidad.
—Sí —terció el señor Weasley—, aunque no permitan a Harry utilizar el felétono...
—Teléfono —le susurró Hermione.
—Si tenemos la más ligera sospecha de que Potter ha sido objeto de cualquier tipo de malos tratos, tendrán que responder ante nosotros —concluyó Moody.
Tío Vernon se infló de forma alarmante. Su orgullo era aún mayor que el miedo que le inspiraba aquella pandilla de bichos raros.
—¿Me está amenazando, señor? —preguntó en voz tan alta que varias personas que pasaban por allí se volvieron y se quedaron mirándolo.
—Sí —contestó Ojoloco, que se mostraba muy contento por el hecho de que tío Vernon hubiera captado el mensaje tan deprisa.
—¿Y diría usted que parezco de esa clase de hombres que se dejan intimidar? —le espetó tío Vernon.
—Bueno... —respondió Moody echándose el bombín hacia atrás para dejar al descubierto su ojo mágico, que giraba de un modo siniestro. Tío Vernon retrocedió, horrorizado, y chocó aparatosamente contra un carrito de equipajes—. Sí, yo diría que sí, Dursley. —Después se volvió hacia Harry y añadió—: Bueno, Potter, si nos necesitas, péganos un grito. Si no tenemos noticias tuyas durante tres días seguidos, enviaremos a alguien a... —Tía Petunia se puso a gimotear lastimeramente. Era evidente que estaba pensando en lo que dirían los vecinos si veían a aquellas personas desfilando por el camino de su jardín—. Adiós, Potter —se despidió Moody, y agarró brevemente a Harry por el hombro con su huesuda mano.
—Cuídate, Harry —dijo Lupin con voz queda—. Estaremos en contacto.
—Harry, te sacaremos de allí en cuanto podamos —le susurró la señora Weasley, y volvió a abrazarlo.
—Nos veremos pronto, compañero —murmuró Ron, nervioso, estrechándole la mano a su amigo.
—Muy pronto, Harry —aseguró Hermione con seriedad—. Te lo prometemos.
Harry asintió con la cabeza. No encontraba palabras para explicarles lo que significaba para él verlos a todos allí en fila, expresándole su apoyo. Así que sonrió, levantó una mano para decir adiós, se dio la vuelta y echó a andar hacia la soleada calle mientras tío Vernon, tía Petunia y Dudley corrían tras él.