laro, como si Malfoy no pensara sacarle provecho al suyo —replicó éste con sarcasmo.
—¿Qué vas a hacer? ¿Ponerte a su altura?
—No, sólo voy a asegurarme de pillar a sus amigos antes de que él pille a los míos.
—Ron, por favor...
—Obligaré a Goyle a copiar y copiar; eso le fastidiará mucho porque no soporta escribir —aseguró Ron muy contento. Luego bajó la voz imitando los gruñidos de Goyle y, poniendo una mueca de dolorosa concentración, hizo como si escribiera en el aire—: «No... debo... parecerme... al culo... de un... babuino.»
Todos rieron, pero nadie más fuerte que Luna Lovegood, quien soltó una sonora carcajada que hizo que Hedwig despertara y agitara las alas con indignación, y que Crookshanks saltara a la rejilla portaequipajes bufando. Luna rió tan fuerte que la revista salió despedida de sus manos, resbaló por sus piernas y fue a parar al suelo.
—¡Qué gracioso!
Sus saltones ojos se llenaron de lágrimas mientras intentaba recobrar el aliento, mirando fijamente a Ron. Éste, perplejo, observó a los demás, que en ese momento se reían de la expresión del rostro de su amigo y de la risa ridículamente prolongada de Luna Lovegood, que se mecía adelante y atrás sujetándose los costados.
—¿Me tomas el pelo? —preguntó Ron frunciendo el entrecejo.
—¡El culo... de un... babuino! —exclamó ella con voz entrecortada sin soltarse las costillas.
Todos los demás observaban cómo reía Luna, pero Harry se fijó en la revista que había caído al suelo y vio algo que lo hizo agacharse con rapidez y cogerla. Viéndola del revés no había identificado la imagen de la portada, pero entonces Harry se dio cuenta de que era una caricatura bastante mala de Cornelius Fudge; de hecho, Harry sólo lo reconoció por el bombín de color verde lima. Fudge tenía una bolsa de oro en una mano, y con la otra estrangulaba a un duende. La caricatura llevaba esta leyenda: «¿De qué será capaz Fudge para conseguir el control de Gringotts?»
Debajo había una lista de los títulos de otros artículos incluidos en la revista:

Corrupción en la liga de quidditch: los ilícitos métodos de los Tornados.
Los secretos de las runas antiguas, desvelados. Sirius Black: ¿víctima o villano?

—¿Me dejas mirar un momento? —le preguntó Harry a Luna.
Ella, que seguía mirando a Ron y riendo a carcajadas, asintió con la cabeza.
Harry, por su parte, abrió la revista y buscó el índice. Hasta aquel momento se había olvidado por completo de la revista que Kingsley había entregado al señor Weasley para que se la hiciera llegar a Sirius, pero debía de ser el mismo número de El Quisquilloso.
Encontró la página en el índice y la buscó.
Ese artículo también iba ilustrado con una caricatura bastante mala; seguramente, Harry no habría sabido que pretendía representar a Sirius si no hubiera llevado una leyenda. Su padrino estaba de pie sobre un montón de huesos humanos, con la varita en alto. El titular del artículo rezaba:

¿ES SIRIUS BLACK TAN MALO
COMO LO PINTAN?
¿Famoso autor de matanzas
o inocente cantante de éxito?

Harry tuvo que leer la segunda frase varias veces antes de convencerse de que no la había entendido mal. ¿Desde cuándo era Sirius un cantante de éxito?

Durante catorce años, Sirius Black ha sido considerado culpable del asesinato de un mago y doce muggles inocentes. La audaz fuga de Black de Azkaban, hace dos años, ha dado pie a la mayor persecución organizada en toda la historia del Ministerio de la Magia. Ninguno de nosotros ha puesto en duda jamás que Black merece ser capturado de nuevo y entregado a los Dementores.
PERO ¿LO MERECE EN REALIDAD?
Hace poco tiempo han salido a la luz nuevas y sorprendentes pruebas de que Sirius Black podría no haber cometido los crímenes por los que lo enviaron a Azkaban. De hecho, Doris Purkiss, del número 18 de Acanthia Way, Little Norton, sostiene que Black ni siquiera podría haber estado presente en el escenario de los crímenes.
«Lo que la gente no sabe es que Sirius Black es un nombre falso —afirma la señora Purkiss—. El hombre al que todos creen conocer como Sirius Black es en realidad Stubby Boardman, cantante del conocido grupo musical Los Trasgos, que se retiró de la vida pública hace casi quince años, tras recibir el impacto de un nabo en una oreja durante un concierto celebrado en la iglesia de Little Norton. Lo reconocí en cuanto vi su fotografía en el periódico. Pues bien, Stubby no pudo cometer esos crímenes porque el día en cuestión estaba disfrutando de una romántica cena a la luz de las velas conmigo. He escrito al ministro de la Magia y espero que pronto presente sus disculpas a Stubby, alias Sirius.»

Harry terminó de leer el artículo y se quedó mirando la página, incrédulo. Quizá fuera un chiste, pensó, quizá la revista incluyese bromas de ese tipo. Retrocedió unas cuantas páginas y encontró el artículo sobre Fudge.

Cornelius Fudge, el ministro de la Magia, ha negado que tuviera planes para hacerse con la dirección de Gringotts, el banco mágico, cuando fue elegido ministro de la Magia hace cinco años. Fudge sie