de Snape, Harry pensó que, sin embargo, Cho había ido por voluntad propia a hablar con él... Cho había sido la novia de Cedric, y habría sido comprensible que odiara a Harry por haber salido con vida del laberinto del Torneo de los tres magos, mientras que Cedric había muerto; pero a pesar de todo hablaba con él en un tono normal y amistoso, y no como si creyera que estaba loco, que era un mentiroso o que en cierto modo era responsable de la muerte de su novio... Sí, estaba claro que había ido a hablar con él porque había querido, y era la segunda vez que lo hacía en dos días... Ese pensamiento le subió la moral. Ni siquiera el amenazador chirrido que la puerta de la mazmorra de Snape hizo al abrirse consiguió que estallara la pequeña y optimista burbuja que había crecido en su pecho. Entró en el aula detrás de Ron y Hermione, los siguió hasta la mesa donde se sentaban siempre, al fondo, y fingió que no oía los sonidos de irritación que ambos emitían.
—Silencio —ordenó Snape con voz cortante al cerrar la puerta tras él.
En realidad no había ninguna necesidad de que impusiera orden, pues en cuanto los alumnos oyeron que la puerta se cerraba, se quedaron quietos y callados. Por lo general, la sola presencia de Snape bastaba para imponer silencio en el aula.
—Antes de empezar la clase de hoy —dijo el profesor desde su mesa, abarcando con la vista a todos los estudiantes y mirándolos fijamente—, creo conveniente recordaros que el próximo mes de junio realizaréis un importante examen en el que demostraréis cuánto habéis aprendido sobre la composición y el uso de las pociones mágicas. Pese a que algunos alumnos de esta clase son indudablemente imbéciles, espero que consigan un «Aceptable» en el TIMO si no quieren... contrariarme. —Esa vez su mirada se detuvo en Neville, que tragó saliva—. Después de este curso, muchos de vosotros dejaréis de estudiar conmigo, por supuesto —prosiguió Snape—. Yo sólo preparo a los mejores alumnos para el ÉXTASIS de Pociones, lo cual significa que tendré que despedirme de algunos de los presentes.
Entonces miró a Harry y torció el gesto. El muchacho le sostuvo la mirada y sintió un sombrío placer ante la perspectiva de librarse de Pociones al acabar quinto.
—Pero antes de que llegue el feliz momento de la despedida tenemos todo un año por delante —anunció Snape melodiosamente—. Por ese motivo, tanto si pensáis presentaros al ÉXTASIS como si no, os recomiendo que concentréis vuestros esfuerzos en mantener el alto nivel que espero de mis alumnos de TIMO.
»Hoy vamos a preparar una poción que suele salir en el examen de Título Indispensable de Magia Ordinaria: el Filtro de Paz, una poción para calmar la ansiedad y aliviar el nerviosismo. Pero os lo advierto: si no medís bien los ingredientes, podéis provocar un profundo y a veces irreversible sueño a la persona que la beba, de modo que tendréis que prestar mucha atención a lo que estáis haciendo. —Hermione, que estaba sentada a la izquierda de Harry, se enderezó un poco; la expresión de su rostro denotaba una concentración absoluta—. Los ingredientes y el método —continuó Snape, y agitó su varita— están en la pizarra. —En ese momento aparecieron escritos—. Encontraréis todo lo que necesitáis —volvió a agitar la varita— en el armario del material. —A continuación, la puerta del mueble se abrió sola—. Tenéis una hora y media. Ya podéis empezar.
Como habían imaginado Harry, Ron y Hermione, Snape no podía haber elegido una poción más difícil y complicada. Había que echar los ingredientes en el caldero en el orden y las cantidades precisas; había que remover la mezcla exactamente el número correcto de veces, primero en el sentido de las agujas del reloj y luego en el contrario; y había que bajar el fuego, sobre el que la pócima hervía lentamente, hasta que alcanzara los grados adecuados durante un número determinado de minutos antes de añadir el último ingrediente.
—Ahora un débil vapor plateado debería empezar a salir de vuestra poción —advirtió Snape cuando faltaban diez minutos para que concluyera el plazo.
Harry, que sudaba mucho, echó un vistazo alrededor de la mazmorra, desesperado. Su caldero emitía grandes cantidades de vapor gris oscuro; el de Ron, por su parte, escupía chispas verdes. Seamus intentaba avivar con la punta de la varita las llamas sobre las que estaba colocado su caldero, pues amenazaban con apagarse. La superficie de la poción de Hermione, en cambio, era una reluciente neblina de vapor plateado, y al pasar a su lado, Snape acercó su ganchuda nariz al interior sin hacer ningún comentario, lo cual significaba que no había encontrado nada que criticar.
Al llegar junto al caldero de Harry, sin embargo, Snape se detuvo y miró su contenido con una espantosa sonrisa burlona en los labios.
—¿Qué se supone que es esto, Potter?
Los estudiantes de Slytherin que estaban sentados en las primeras filas del aula levantaron la cabeza, expectantes; les encantaba oír cómo Snape se burlaba de Harry.
—El Filtro de Paz —contestó el chico