n poco de vergenza. Por qu haba
perdido el control de aquella manera, cuando los otros no lo haban hecho?
El profesor Lupin regres. Se detuvo al entrar; mir alrededor y dijo con una breve
sonrisa:
No he envenenado el chocolate, sabis?
Harry le dio un mordisquito y ante su sorpresa sinti que algo le calentaba el
cuerpo y que el calor se extenda hasta los dedos de las manos y de los pies.
Llegaremos a Hogwarts en diez minutos dijo el profesor Lupin. Te
encuentras bien, Harry?
Harry no pregunt cmo se haba enterado el profesor Lupin de su nombre.
S dijo, un poco confuso.
No hablaron apenas durante el resto del viaje. Finalmente se detuvo el tren en la
estacin de Hogsmeade, y se form mucho barullo para salir del tren: las lechuzas
ululaban, los gatos maullaban y el sapo de Neville croaba debajo de su sombrero. En el

pequeo andn haca un fro que pelaba; la lluvia era una ducha de hielo.
Por aqu los de primer curso! gritaba una voz familiar. Harry, Ron y
Hermione se volvieron y vieron la silueta gigante de Hagrid en el otro extremo del
andn, indicando por seas a los nuevos estudiantes (que estaban algo asustados) que se
adelantaran para iniciar el tradicional recorrido por el lago.
Estis bien los tres? grit Hagrid, por encima de la multitud.
Lo saludaron con la mano, pero no pudieron hablarle porque la multitud los
empujaba a lo largo del andn. Harry, Ron y Hermione siguieron al resto de los alumnos
y salieron a un camino embarrado y desigual, donde aguardaban al resto de los alumnos
al menos cien diligencias, todas tiradas (o eso supona Harry) por caballos invisibles,
porque cuando subieron a una y cerraron la portezuela, se puso en marcha ella sola,
dando botes.
La diligencia ola un poco a moho y a paja. Harry se senta mejor despus de tomar
el chocolate, pero an estaba dbil. Ron y Hermione lo miraban todo el tiempo de reojo,
como si tuvieran miedo de que perdiera de nuevo el conocimiento.
Mientras el coche avanzaba lentamente hacia unas suntuosas verjas de hierro
flanqueadas por columnas de piedra coronadas por estatuillas de cerdos alados, Harry
vio a otros dos dementores encapuchados y descomunales, que montaban guardia a cada
lado. Estuvo a punto de darle otro fro vahdo. Se reclin en el asiento lleno de bultos y
cerr los ojos hasta que hubieron atravesado la verja. El carruaje cogi velocidad por el
largo y empinado camino que llevaba al castillo; Hermione se asomaba por la ventanilla
para ver acercarse las pequeas torres. Finalmente, el carruaje se detuvo y Hermione y
Ron bajaron.
Al bajar; Harry oy una voz que arrastraba alegremente las slabas:
Te has desmayado, Potter? Es verdad lo que dice Longbottom? Realmente te
desmayaste?
Malfoy le dio con el codo a Hermione al pasar por su lado, y sali al paso de Harry,
que suba al castillo por la escalinata de piedra. Sus ojos claros y su cara alegre brillaban
de malicia.
Lrgate, Malfoy! dijo Ron con las mandbulas apretadas.
T tambin te desmayaste, Weasley? pregunt Malfoy, levantando la voz.
Tambin te asust a ti el viejo dementor; Weasley?
Hay algn problema? pregunt una voz amable. El profesor Lupin acababa
de bajarse de la diligencia que iba detrs de la de ellos.
Malfoy dirigi una mirada insolente al profesor Lupin, y vio los remiendos de su
ropa y su maleta desvencijada. Con cierto sarcasmo en la voz, dijo:
Oh, no, eh... profesor...
Entonces dirigi a Crabbe y Goyle una sonrisita, y subieron los tres hacia el
castillo.
Hermione pinchaba a Ron en la espalda para que se diera prisa, y los tres se
unieron a la multitud apiada en la parte superior; a travs de las gigantescas puertas de
roble, y en el interior del vestbulo, que estaba iluminado con antorchas y acoga una
magnfica escalera de mrmol que conduca a los pisos superiores.
A la derecha, abierta, estaba la puerta que daba al Gran Comedor. Harry sigui a la
multitud, pero apenas vislumbr el techo encantado, que aquella noche estaba negro y
nublado, cuando lo llam una voz:
Potter, Granger, quiero hablar con vosotros!
Harry y Hermione dieron media vuelta, sorprendidos. La profesora McGonagall,
que daba clase de Transformaciones y era la jefa de la casa de Gryffindor; los llamaba
por encima de las cabezas de la multitud. Tena una expresin severa y un moo en la

nuca; sus penetrantes ojos se enmarcaban en unas gafas cuadradas. Harry se abri
camino hasta ella con cierta dificultad y un poco de miedo. Haba algo en la profesora
McGonagall que sola hacer que Harry sintiera que haba hecho algo malo.
No tenis que poner esa cara de asustados, slo quiero hablar con vosotros en mi
despacho les dijo. Ve con los dems, Weasley.
Ron se les qued mirando mientras la profesora McGonagall se alejaba con Harry y
Hermione de la bulliciosa multitud; la acompaaron a travs del vestbulo, subieron la
escalera de mrmol y recorrieron un pasillo.
Ya en el despacho (una pequea habitacin que tena una chimenea en la que arda
un fuego abundante y acogedor), hizo una seal a Harry y a Hermione para que se
sentaran. Tambin ella se sent, detrs del escritorio, y dijo de pronto:
El profesor Lupin ha enviado una lechuza comunicando que te sentiste
indispuesto en el tren, Potter.
Antes de que Harry pudiera responder; se oy llamar suavemente a la puerta, y la
seora Pomfrey, la enfermera, entr con paso raudo. Harry se sonroj. Ya resultaba
bastante embarazoso haberse desmayado o lo que le hubiera pasado, para que encima
armaran aquel lo.
Estoy bien dijo, no necesito nada...
Ah, eres t dijo la seora Pomfrey, sin escuchar lo que decan e inclinndose
para mirarlo de cerca. Supongo que has estado otra vez metindote en algo peligroso.
Ha sido un dementor; Poppy dijo la profesora McGonagall.
Cambiaron una mirada sombra y la seora Pomfrey chasc la lengua con
reprobacin.
Poner dementores en un colegio murmur echando para atrs la silla de Harry
y apoyando una mano en su frente. No ser el primero que se desmaya. S, est
empapado en sudor. Son seres terribles, y el efecto que tienen en la gente que ya de por
s es delicada...
Yo no soy delicado! repuso Harry, ofendido.
Por supuesto que no admiti distradamente la seora Pomfrey, tomndole el
pulso.
Qu le prescribe? pregunt resueltamente la profesora McGonagall.
Guardar cama? Debera pasar esta noche en la enfermera?
Estoy bien! repuso Harry, ponindose en pie de un brinco. Le atormentaba
pensar en lo que dira Malfoy si lo enviaban por aquello a la enfermera.
Bueno. Al menos tendra que tomar chocolate dijo la seora Pomfrey, que
intentaba examinar los ojos de Harry.
Ya he tomado un poco. El profesor Lupin me lo dio. Nos dio a todos.
S? dijo con aprobacin la seora Pomfrey. As que por fin tenemos un
profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que conoce los remedios!
Ests seguro de que te sientes bien, Potter? pregunt la profesora
McGonagall.
S dijo Harry.
Muy bien. Haz el favor de esperar fuera mientras hablo un momento con la
seorita Granger sobre su horario. Luego podremos bajar al banquete todos juntos.
Harry sali al corredor con la seora Pomfrey, que se march hacia la enfermera
murmurando algo para s. Harry slo tuvo que esperar unos minutos. A continuacin
sali Hermione, radiante de felicidad, seguida por la profesora McGonagall, y los tres
bajaron las escaleras de mrmol, hacia el Gran Comedor.
Estaba lleno de capirotes negros. Las cuatro mesas largas estaban llenas de
estudiantes. Sus caras brillaban a la luz de miles de velas. El profesor Flitwick, que era

un brujo bajito y con el pelo blanco, sali con un viejo sombrero y un taburete de tres
patas.
Nos hemos perdido la seleccin! dijo Hermione en voz baja.
Los nuevos alumnos de Hogwarts obtenan casa por medio del Sombrero
Seleccionador; que iba gritando el nombre de la casa ms adecuada para cada uno
(Gryffindor; Ravenclaw, Hufflepuff, Slytherin). La profesora McGonagall se dirigi con
paso firme a su asiento en la mesa de los profesores, y Harry y Hermione se
encamina