mbargo altamente instructivo, tambin haba sido
incmodo. La ltima vez, Harry haba disturbado su contenido, y haba visto bastante ms de lo que haba deseado.
Pero Dumbledore estaba sonriente.
Esta vez, entrars en el Pensadero conmigo ... Y, an ms extraordinario, lo hars con permiso!
A dnde vamos, seor?
Hacia la senda de la memoria de Bob Ogden, dijo Dumbledore, sacando de su bolsillo una botella de cristal que
contenia una sustancia blanca con un plateado remolino.
Quin era Bob Ogden?
Era un empleado del Departamento de Ejecucin de la Ley Mgica, dijo Dumbledore. Muri tiempo atrs, pero no
antes de que le siguiera la pista y le persuadiera a confiarme estas memorias para m. Estamos a punto de acompaarle
en una visita que l hizo en el transcurso de sus tareas. Si te levantas, Harry ...
Pero Dumbledore tena dificultad para arrancar el tapn de la botella de cristal: su mano daada parecida tiesa y
dolorosa.
Lo hago yo, seor?
Djalo, Harry 
Dumbledore apunt su varita en la botella y el corcho sali volando.
Seor  cmo se da la mano? pregunt Harry otra vez, mirando los dedos ennegrecidos con una mezcla de
revulsin y piedad.
Ahora no es el momento para esa historia, Harry. Todava no. Tenemos una cita con Bob Ogden.
Dumbledore inclin el contenido plateado de la botella en el Pensadero, dnde se formaron remolinos y brillaron





tenuemente, ni lquido ni gas. T primero, dijo Dumbledore, gesticulando hacia el tazn. Harry se encorv hacia
adelante, tom aliento profundamente, y meti su cara en la sustancia plateada. Sinti sus pies dejar el piso de la
oficina, estaba cayendo, vinindose abajo y girando en la oscuridad y luego, muy repentinamente, parpade en la luz
del sol deslumbrante. Antes de que sus ojos se ajustasen, Dumbledore aterriz a su lado.
Estaban en un camino rural bordeado por setos vivos altos, enmaraados, bajo un cielo de verano tan brillante y azul
como un nomeolvides. A unos diez pies delante de ellos vieron a un hombre pequeo, regordete, con gafas
enormemente gruesas sobre unos ojos tan reducidos que parecan motas. ste lea una seal de gua de madera que
dejaba asomar del matorral en el lado izquierdo de la carretera. Harry supo que ste deba ser Ogden. Era la nica
persona a la vista, y llevaba tambin puesto el surtido de ropas extraas tantas veces escogidas por magos inexpertos
tratando de parecerse a Muggles: en este caso, una levita y rias sobre un traje de bao de una sola pieza rayado.
Antes de que Harry se diera cuenta, Ogden se haba puesto en marcha con paso enrgico hacia debajo de la senda.
Dumbledore y Harry entendieron. Cuando pasaron la seal de madera, Harry contempl sus dos direcciones. El que
parta de atrs que apuntaba la zona de la que haban venido deca: Gran Hangleton, 5 millas. La orientacin del brazo
que haba seguido Ogden deca: Pequeo Hangleton, 1 milla.
Caminaron por un camino pequeo con nada para ver excepto los setos vivos, el cielo azul en lo alto y un sonido
silbante, y las ropas que recubran la figura de adelante. Luego la senda se curvaba hacia la izquierda y se inclinaba en
pendiente hacia una ladera, hasta que al fin vieron repentina e inesperadamente un valle entero delante de ellos. Harry
poda ver un pueblo, indudablemente el Pequeo Hangleton, acurrucado entre dos acantilados, su Iglesia y su
cementerio claramente visibles. A travs del valle, en la ladera opuesta, haba una casa particularmente sustanciosa
rodeada por un espacio ancho de csped verde aterciopelado.
Ogden haba acelerado su trote debido a la cuesta descendente pronunciada. Dumbledore alarg su zancada, y Harry
se apresur para seguirle. Pens que el Pequeo Hangleton deba ser su destino final y preguntndose, como lo haba
hecho en la noche que haban encontrado a Slughorn, por qu tuvieron que acercarse a esa distancia. Pronto
descubri que estaba equivocado en pensar que iban al pueblo. La senda gir hacia la derecha y cuando redondearon
la esquina, vio el mismo borde de la levita de Ogden desapareciendo a travs de una abertura en el cerco de
proteccin.
Dumbledore y Harry lo siguieron tras un camino estrecho y sucio bordeado por setos vivos ms altos y ms agrestes
que los que haban dejado atrs. El camino era ms encorvado y rocoso, inclinndose cuesta abajo finalmente, y
pareca dirigirse a un grupo de rboles oscuros uno poco ms lejanos. Seguramente, el camino pronto se abrira.
Al llegar al bosquecillo, Dumbledore y Harry se pararon detrs de Ogden, que se haba detenido y sacado su varita.
A pesar del cielo despejado, los rboles viejos de adelante lanzaban profundas sombras que parecan producir calma,
y tuvieron que pasar algunos segundos antes de que los ojos de Harry percibiesen el edificio semioculto en medio del
enredo de troncos. Le pareci un lugar muy extrao para edificar una casa, o sino una decisin extraa dejar que los
rboles creciendo cerca, bloqueando toda luz y la vista del valle de abajo. Harry se pregunt si estaba habitada. Sus
paredes eran musgosas y muchas tejas se haban cado del techo dejando a la vista los cabros. Las ortigas haban
crecido alrededor, alcanzando las ventanas, las cuales eran diminutas y gruesas, con mucha mugre. Tal como haba
pensado, crea que nadie podra vivir all, sin embargo, una de las ventanas se abri con un estrpito, y un chorrito
delgado de vapor o humo fue expedido, como si alguien estuviera cocinando.
Ogden se adelant y a Harry le pareci que lo haca de manera cautelosa. Cuando las sombras que producan los
rboles se deslizaron sobre l, se detuvo otra vez, clavando los ojos en la puerta principal, donde alguien haba
clavado una serpiente muerta.
Entonces hubo un susurro y una sacudida, y un hombre con la ropa hecha jirones se cay del rbol ms prximo,
aterrizando en los pies delante de Ogden, quien brinc atrs tan rpido que pis la cola de su levita y tropez.
Usted no es bienvenido.
El hombre se levant ante ellos y tena el pelo grueso y tan manchado con suciedad que pudo haber sido de cualquier
color. Le faltaban varios dientes. Sus ojos eran pequeos y oscuros y se quedaron con la mirada fija al frente. Podra
parecer cmico, pero de hecho no lo era. El conjunto daba miedo, y Harry no poda culpar a Ogden por echarse





hacia atrs unos pasos cuando l habl.
Er ... buenos das. Soy del Ministerio de Magia.
Usted no es bienvenido.
Er ... lo siento ... pero no le entiendo, dijo Ogden nerviosamente.
Harry pens que Ogden era sumamente duro de mollera. El desconocido lo dejaba muy claro en opinin de Harry, en
particular porque blanda una varita en una mano y un cuchillo pequeo y ms bien ensangrentado en la otra.
Tu le entiendes, estoy seguro, no Harry? dijo Dumbledore.
S, claro, dijo Harry, ligeramente desconcertado. por qu no puede Ogden ...?
Pero como sus ojos se encontraron con la serpiente muerta en la puerta otra vez, repentinamente lo entendi.
l est hablando Prsel?
Muy bien, dijo Dumbledore, inclinando la cabeza y sonriendo.
El hombre con la ropa hecha jirones ahora se acercaba de modo amenazador a Ogden, con el cuchillo en una mano, y
la varita en la otra.
Ahora, mira ... Ogden comenz, pero era demasiado tarde: hubo un ruido de un golpe, y Ogden estaba en el suelo,
agarrando firmemente su nariz, mientras un lquido amarillento sucio sali a presin en chorritos de entre sus dedos.
Morfin! dijo una voz fuerte.
Un hombre entrado en aos haba salido corriendo de la casa de campo, dando tal portazo detrs de l que los
muertos se hubieran despertado. Este hombre era ms bajito que el primero, y raramente proporcionado. Sus
hombros eran de gran amplitud y sus brazos demasiados largos, de un color moreno brillante y lleno de pelos que
parecan matorrales, su cara arrugada le daba la apariencia de un mono poderoso, envejecido. Se par al lado del
hombre con el cuchillo, que ahora cacareaba y rea con la vista fija en Ogden sobre el terreno.
Es usted del Ministerio? dijo el hombre mayor, mirando hacia Ogden.
Exacto! dijo Ogd