o
las hojas y las races de los rboles. A la luz de la varita mgica de Harry, siguieron la
hilera ininterrumpida de araas que circulaban por el camino. Caminaron unos veinte
minutos, sin hablar, con el odo atento a otros ruidos que no fueran los de ramas al
romperse o el susurro de las hojas. Ms adelante, cuando el bosque se volvi tan espeso
que ya no se vean las estrellas del cielo y la nica luz provena de la varita de Harry,
vieron que las araas se salan del camino.
Harry se detuvo y mir hacia donde se dirigan las araas, pero, fuera del pequeo
crculo de luz de la varita, todo era oscuridad impenetrable. Nunca se haba internado
tanto en el bosque. Poda recordar vvidamente que Hagrid, una vez que haba entrado
con l, le advirti que no se saliera del camino. Pero ahora Hagrid se hallaba a
kilmetros de distancia, probablemente en una celda en Azkaban, y les haba indicado
que siguieran a las araas.
Harry not en la mano el contacto de algo hmedo, dio un salto hacia atrs y pis a
Ron en el pie, pero slo haba sido el hocico de
Fang
.
Qu te parece? pregunt Harry a Ron, de quien slo vea los ojos, que
reflejaban la luz de la varita mgica.
Ya que hemos llegado hasta aqu... dijo Ron.
De forma que siguieron a las araas que se internaban en la espesura. No podan
avanzar muy rpido, porque haba tocones y races de rboles en su ruta, apenas visibles
en la oscuridad. Harry notaba en la mano el clido aliento de
Fang
. Tuvieron que
detenerse ms de una vez para que, en cuclillas, a la luz de la varita, Harry pudiera
volver a encontrar el rastro de las araas.
Caminaron durante una media hora por lo menos. Las tnicas se les enganchaban
en las ramas bajas y en las zarzas. Al cabo de un rato notaron que el terreno descenda,
aunque el bosque segua igual de espeso.
De repente,
Fang
dej escapar un ladrido potente, resonante, dndoles un susto
tremendo.
Qu pasa? pregunt Ron en voz alta, mirando en la oscuridad y agarrndose
con fuerza al hombro de Harry.
Algo se mueve por ah musit Harry. Escucha... Parece de gran tamao.
Escucharon. A cierta distancia, a su derecha, aquella cosa de gran tamao se abra

camino entre los rboles quebrando las ramas a su paso.
Ah no! exclam Ron, ah no, no, no...!
Calla dijo Harry, desesperado. Te oir.
Orme? dijo Ron en un tono elevado y poco natural. Yo s lo he odo.
Fang!
La oscuridad pareca presionarles los ojos mientras aguardaban aterrorizados.
Oyeron un extrao ruido sordo, y luego, silencio.
Qu crees que est haciendo? pregunt Harry
Seguramente, se est preparando para saltar contest Ron.
Aguardaron, temblando, sin atreverse apenas a moverse.
Crees que se ha ido? susurr Harry.
No s...
Entonces vieron a su derecha un resplandor que brill tanto en la oscuridad que los
dos tuvieron que protegerse los ojos con las manos.
Fang
solt un aullido y ech a
correr, pero se enred en unos espinos y volvi a aullar an ms fuerte.
Harry! grit Ron, tan aliviado que la voz apenas le sala. Harry, es nuestro
coche!
Qu?
Vamos!
Harry sigui a Ron en direccin a la luz, dando tumbos y traspis, y al cabo de un
instante salieron a un claro.
El coche del padre de Ron estaba abandonado en medio de un crculo de gruesos
rboles y bajo un espeso tejido de ramas, con los faros encendidos. Ron camin hacia
l, boquiabierto, y el coche se le acerc despacio, como si fuera un perro que saludase a
su amo. Un perro de color turquesa.
Ha estado aqu todo el tiempo! dijo Ron emocionado, contemplando el
coche. Mralo: el bosque lo ha vuelto salvaje...
Los guardabarros del coche estaban araados y embadurnados de barro. Daba la
impresin de que el coche haba conseguido llegar hasta all l solo. A
Fang
no pareca
hacerle ninguna gracia, y se mantena pegado a Harry, temblando. Mientras su
respiracin se acompasaba, guard la varita bajo la tnica.
Y creamos que era un monstruo que nos iba a atacar! dijo Ron, inclinndose
sobre el coche y dndole unas palmadas. Me preguntaba adnde habra ido!
Harry aguz la vista en busca de araas en el suelo iluminado, pero todas haban
huido de la luz de los faros.
Hemos perdido el rastro dijo. Tendremos que buscarlo de nuevo.
Ron no habl ni se movi. Tena los ojos clavados en un punto que se hallaba a
unos tres metros del suelo, justo detrs de Harry. Estaba plido de terror.
Harry ni siquiera tuvo tiempo de volverse. Se oy un fuerte chasquido, y de repente
sinti que algo largo y peludo lo agarraba por la cintura y lo levantaba en el aire, de cara
al suelo. Mientras forcejeaba, aterrorizado, oy ms chasquidos, y vio que las piernas de
Ron se despegaban del suelo, y oy a
Fang
aullar y gimotear... y sinti que lo
arrastraban por entre los negros rboles.
Levantando como pudo la cabeza, Harry vio que la bestia que lo sujetaba caminaba
sobre seis patas inmensamente largas y peludas, y que encima de las dos delanteras que
lo aferraban, tena unas pinzas tambin negras. Tras l poda or a otro animal similar,
que sin duda era el que haba cogido a Ron. Se encaminaban hacia el corazn del
bosque. Harry pudo ver a
Fang
que forcejeaba intentando liberarse de un tercer
monstruo, aullando con fuerza, pero Harry no habra podido gritar aunque hubiera
querido: pareca como si la voz se le hubiese quedado junto al coche, en el claro.

Nunca supo cunto tiempo pas en las garras del animal, slo que de repente hubo
la suficiente claridad para ver que el suelo, antes cubierto de hojas, estaba infestado de
araas. Estaban en el borde de una vasta hondonada en la que los rboles haban sido
talados y las estrellas brillaban iluminando el paisaje ms terrorfico que se pueda
imaginar.
Araas. No araas diminutas como aquellas a las que haban seguido por el camino
de hojarasca, sino araas del tamao de caballos, con ocho ojos y ocho patas negras,
peludas y gigantescas. El ejemplar que transportaba a Harry se abra camino, bajando
por la brusca pendiente, hacia una telaraa nebulosa en forma de cpula que haba en el
centro de la hondonada, mientras sus compaeras se acercaban por todas partes
chasqueando sus pinzas, emocionadas a la vista de su presa.
La araa solt a Harry, y ste cay al suelo de cuatro patas. A su lado, con un ruido
sordo, cayeron Ron y
Fang.
El perro ya no aullaba; se qued encogido y en silencio en
el mismo punto en que haba cado. Ron pareca encontrarse tan mal como Harry haba
supuesto. Su boca se haba alargado en una especie de grito mudo y los ojos se le salan
de las rbitas.
De pronto Harry se dio cuenta de que la araa que lo haba dejado caer estaba
hablando. No era fcil darse cuenta de ello, porque chascaba sus pinzas a cada palabra
que deca.
Aragog! llamaba, Aragog!
Y del medio de la gran tela de araa sali, muy despacio, una araa del tamao de
un elefante pequeo. El negro de su cuerpo y sus piernas estaba manchado de gris, y los
ocho ojos que tena en su cabeza horrenda y llena de pinzas eran de un blanco lechoso.
Era ciega.
Qu hay? dijo, chascando muy deprisa sus pinzas.
Hombres dijo la araa que haba llevado a Harry.
Es Hagrid? Aragog se acerc, moviendo vagamente sus mltiples ojos
lechosos.
Desconocidos respondi la araa que haba llevado a Ron.
Matadlos orden Aragog con fastidio. Estaba durmiendo...
Somos amigos de Hagrid grit Harry. Senta como si el corazn se le hubiera
escapado del pecho y estuviera retumbando en su garganta.
Clic, clic, clic hicieron las pinzas de todas las araas en la hondonada.
Aragog se detuvo.
Hagrid nunca ha enviado hombres a nuestra hondonada dijo despacio.
Hagrid est metido en un grave problema dijo Harry, respirando muy
deprisa. Por eso hemos venido nosotros.
En un grave problema? dijo la vieja araa, en un tono que a Harry se le
antoj de preocupacin. Pero por qu os ha enviado?
Harry quiso levantarse, pero decidi no hacerlo; no crea que las piernas lo
pudieran sostener. As que habl desde el suelo, lo ms tranquilamente que pudo.
En el colegio piensan que H